Psicosis, considerada la mejor película del director inglés naturalizado norteamericano Alfred Hitchcock y valorada como obra de arte cinematográfica por la crítica internacional, cumple cincuenta años sin que haya perdido un ápice de su eficacia.
Aún hoy produce escalofríos escuchar el sonido estridente y repetido de un acorde chillón de violín, el mismo que arropaba la escena cumbre de la película, el apuñalamiento de Marion Crane (Janet Leigh) mientras tomaba una ducha.
Prácticamente cada escena de Psicosis es una pequeña obra de arte. De hecho muchas de ellas han sido copiadas o parodiadas, pero en ningún caso superadas. Hubo incluso varias secuelas y una nueva versión, pero sólo consiguieron demostrar que era inimitable.
La película, rodada a propósito en blanco y negro (el technicolor se usaba desde los años treinta), está basada en la novela del mismo nombre de Robert Bloch, que a su vez se inspiró en los crímenes del asesino en serie de Wisconsin Ed Gein.
Con guión de Joseph Stefano, la película describe el encuentro entre una joven y atractiva muchacha que acaba de cometer un desfalco y el dueño del motel en el que se oculta huyendo de la policía.
Pero eso era solo una excusa del genio Hitchcock. Lo que realmente importaba era que el espectador viese cuanto antes el estremecedor aspecto del motel Bates, un edificio gótico y lúgubre donde, aparentemente, vivían Norman Bates (Anthony Perkins) y su madre.
Filmada en los Estudios Universal y producida por el propio director, Psicosis costó 806.947,55 dólares y se rodó entre el 11 de noviembre de 1959 y el 1 de febrero de 1960, casi toda con cámaras de 35 milímetros. Se estrenó el 16 de junio de 1960.
Innovador y genial, Hitchcock quiso grabar la primera escena desde el aire y propuso subir la cámara a un helicóptero, de manera que el objetivo se acercara poco a poco hacia la ventana del hotel, pero la imagen temblaba demasiado y hubo que desechar la idea.
La banda sonora con acordes (desacordes) y chirridos de violines, violas, violonchelos, y que fue también original para la película, fue escrita por el compositor Bernard Herrmann, que insistió mucho al director para que reforzara las escenas más dramáticas con sus creaciones, lo cual dio un excelente resultado final.
La escena de la ducha
Esa escena, que es ya una de las más famosas de la historia del cine, se rodó entre el 17 y el 23 de diciembre de 1959, y presenta más de setenta ángulos de cámara distintos, la "marca Hitchcock".
Transcurre en tres minutos e incluye 50 planos, la mayoría evidentemente cortísimos, excepto los que narran la llegada de Marion a la ducha y cuando la muestra ya inerte, justo antes y después del apuñalamiento. Esta forma de combinar los planos fue no sólo una revolución en cuanto a narrativa fílmica, sino que su efecto claustrofóbico aumentó el tono violento, creando el máximo impacto y, en consecuencia, un elevado grado de terror.
Contribuyó, sin duda, el rostro espeluznado de Leigh al ver a su asesino: Hitchcock lo consiguió cambiando el agua caliente de la ducha por un chorro helado sin avisar a la actriz.
El insólito argumento para la época
La historia comienza con Marion Crane, que ha robado 40.000 dólares en la empresa en la que trabaja para poder casarse con su novio, y en su huida de la policía arriba al Motel Bates, regentado por Norman Bates y su madre, para pasar la noche.
Bates (Anthony Perkins), un chico tímido de modales muy suaves, dice vivir en la gran casa que se ve frente al motel con su madre y que rara vez tiene clientes, ya que han hecho la nueva autopista lejos de la carretera.
Mientras Marion se acomoda en la habitación, escucha una terrible discusión que se produce en la casa entre la madre y el hijo.
Cuando se dispone a darse una ducha, una forma femenina con un gran cuchillo en la mano la ataca tras la cortina del baño.
Norman, que responsabiliza a su madre del crimen, limpia los restos de sangre y lleva el cuerpo de Marion al maletero de su coche que acaba sumergiendo en un pantano.
La hermana de Marion, Lila Crane (Vera Miles), ante la extraña desaparición de ésta, empieza a buscarla con la ayuda del novio de Marion, Sam (John Gavin).
Otra persona, un investigador privado llamado Arbogast (Martin Balsam) también está interesado en el paradero de Marion porque quiere recuperar el dinero que ha robado la chica.
Ambos dan con el Motel Bates, donde Norman niega saber nada, y descubren que su madre ha fallecido diez años atrás, después de haber envenenado a la amante de su hijo.
La pareja decide registrarse en el motel para investigar, pero todo lo que halla Lila es el cadáver de la anciana momificado en una mecedora mientras una mujer la ataca por detrás. En ese momento, Sam entra y golpea a la mujer, que no es otro que Norman Bates vestido con ropa de su madre.
El Oscar que no fue
La película fue inicialmente bastante criticada, no porque Leigh apareciera desnuda en la escena de la ducha por supuesto, detrás de la cortina y sin mostrar "nada" indecoroso, sino porque a su lado había un inodoro y ella había cortado un trozo de papel, un gesto aberrante para la mentalidad del Hollywood de la época.
Hitchcock hizo los cambios justos como para que la Academia nominara a un extranjero como candidato nada menos que a cuatro premios, entre ellos, el Oscar al mejor director. Pero aquel año Billy Wilder competía con otra obra maestra, El apartamento, y se lo llevó de calle.
No ganó ninguno los otros Oscar por los que competía fueron a la mejor actriz de reparto (Janet Leigh); mejor dirección artística de blanco y negro (John Russell), y mejor decoración de set (Joseph Hurley, Robert Clatworthy, George Milo) pero sí obtuvieron, tanto Leigh como Perkins, sendos Globos de Oro.
Norman Bates
Posiblemente, Norman Bates haya sido la mejor creación de Anthony Perkins. Compuso un joven débil y enfermizo, de aspecto inofensivo pero de personalidad muy compleja y conflictiva: un psicópata voyeur, coleccionista de pájaros, a los que diseca, y, finalmente, asesino inigualable.
Todo un modelo de malvado que se ha perpetuado sin que nadie pudiera hacerle frente; de hecho, protagonizó las tres secuelas que hubo de la película, e incluso, dirigió una de ellas. Pero a Perkins, la sombra de Bates le persiguió durante años, hasta el extremo que llegó a decir que nadie le reconocería en la calle de no haber sido por esa película. "Psicosis fue para mí dijo Perkins en cierta ocasión como una lata de conservas atada al rabo de un perro".
Con su muerte en 1992 (debido a una neumonía derivada de padecer el sida) se cerró definitivamente la posibilidad de continuar la historia de Norman; no hubo más secuelas, pero sí se hizo un remake, en 1998, dirigida por Gus Van Sant, en color, que le valió dos Premios Razzie: uno, por peor director, y otro, por ser la peor réplica de todas.
Por Alicia G. Arribas - Efe Reportajes