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El Archivo Nacional de Asunción

Además de guardar la documentación que certifica la historia del Paraguay y de gran parte de la región rioplatense, el Archivo Nacional de Asunción es, en sí, la historia misma del Paraguay. Punto ineludible para el estudio de los avatares de la historia regional, guarda en sus añosos documentos los datos y las informaciones de gran parte de la historia colonial, pues al ser Asunción la más antigua ciudad de la región, su archivo contiene mucha de la información requerida para ir formando el rompecabezas histórico de las numerosas ciudades nacidas del seno de la madre de ciudades.

Capital histórica de la región paraguaya y rioplatense, de su puerto y lindes salieron más de 120 expediciones conquistadoras, colonizadoras y pobladoras, las que están testimoniadas en muchos de los documentos que forman parte del acervo del Archivo. Además de dichos documentos, el Archivo Nacional de Asunción es repositorio de diversos otros tipos de expedientes: denuncias, demandas, inventarios, testamentos, nombramientos, bandos, padrones, ordenanzas, mercedes, provisiones, pragmáticas y cédulas reales, entre otros. La capital paraguaya, como sabemos, se originó en la casa fuerte fundada por el capitán Juan de Salazar de Espinosa, en agosto de 1537. En 1541 acogió en su seno a los sobrevivientes de la expedición de don Pedro de Mendoza, quienes quedaron en el puerto de Nuestra Señora del Buen Aire, llegados a principios de setiembre de 1541. Con ellos y los que ya estaban en el puerto de los karió, el teniente de gobernador Domingo Martínez de Irala fundó la ciudad de Asunción al establecer el Cabildo, Justicia y Regimiento, el 16 de setiembre de 1541. Pocos meses después, la modesta aldea con pretensiones de ciudad sufrió un grave accidente: un pavoroso incendio la destruyó casi totalmente en 1543, pero, al parecer, las autoridades tuvieron el buen tino de poner a buen recaudo los documentos que testimoniaban su entonces corta historia. Cinco años antes de la creación del Archivo ya había preocupación por que este fuera establecido. Así lo cuentan viejos mamotretos que hablan de la necesidad de guardar los papeles e, inclusive, nos cuentan del nombre del funcionario encargado de ir recolectándolos: don Rodrigo Gómez. Su sucesor como depositario de la documentación existente entonces fue don Gregorio de Leyes. Para mayor seguridad de la documentación que se iba formando en el manejo de la ciudad, el 26 de julio de 1544, “el magnífico señor Domingo Martínez de Irala, teniente gobernador y capitán general de esta provincia”, juntamente con el veedor Alonso Cabrera, el contador Felipe de Cáceres, el factor Pedro Dorantes y el tesorero Garcí Venegas resolvieron ordenar la confección de “un arca con tres llaves” para la guarda de los papeles de la administración colonial. Los mencionados “acordaron, de común acuerdo, que se haga y mande hacer la arca de las tres llaves que su majestad, por sus reales instrucciones, mandó a hacer para tener en ella los hierros de las marcas de su majestad y las escrituras, provisiones y cédulas con todo lo demás que su majestad manda, y que dicho contador libre lo que costare hacer la dicha caja y se ponga luego a efecto”, según menciona el historiador Carlos Pusineri Scala en un artículo publicado hace unos años. Con esta disposición, se creaba el Archivo Nacional de Asunción, el más antiguo de Sudamérica. Si bien parece ser que ya había una caja anterior a cuya confección ordenaron Irala y sus compañeros la guarda de esta “arca de las tres llaves”, quedó a cargo de don Martín de Orué. Posteriormente, fueron mandadas a hacer otras cajas, como la que el Cabildo ordenó hacer el 25 de noviembre de 1596, celebrada por el Archivo Nacional de Asunción como su fecha fundacional. Muchos avatares vivió este fondo documental, entre ellos, los daños ocasionados y la pérdida de numerosos documentos, productos de los desmanes y saqueos ocasionados durante la Guerra contra la Triple Alianza. Aun así, el Archivo Nacional de Asunción guarda en su acervo diversos documentos relacionados con la historia paraguaya y regional hasta 1870.

El duelo

Hasta bien entrado el siglo XX fue frecuente que, entre las clases “bien” de la sociedad, se solventara cualquier afrenta, baldón o injuria, real o supuesta, contra el honor mediante un duelo entre ofendido y ofensor. Todo un ritual, con padrinos y cita prefijada, en el que los duelistas se enfrentaban a espada o pistola, rodeaba a esta anacrónica manera de lavar un honor herido. Este, en más de una ocasión, terminaba con la muerte de uno –o de los dos– de los participantes.

Los duelos de honor –o lances caballerescos– eran una absurda modalidad de cobrar cualquier afrenta contra el honor proferida o realizada por un ofensor. Practicado muy frecuentemente décadas atrás, quedó en desuso, aunque con algunos rebrotes que no pasaron más allá de lo anecdótico. El significado del término duelo –para referirse a este tipo de contiendas protagonizadas por dos personas– podemos decir que deriva del latín duellum, que en latín clásico se escribía bellum, con el significado de guerra. La etimología popular lo asoció con “dúo” (dos), resaltando la acepción de “combate uno a uno”. Entre los siglos XV y XVII, en Europa, se comenzó a delinear el concepto de duelo como se lo conoció hasta hace unas décadas en nuestro país y solo unos años en algunos países vecinos, en los que, inclusive, a raíz de un lance entre un alto dignatario y un periodista, se legalizó el duelo, como el caso del Uruguay.

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