El auge actual de las bicicletas no se limita únicamente a un mercado invadido por los modelos mountain bike de alta gama. Los coleccionistas, aquellos que prefieren los cuadros fabricados inclusive antes de la década de los 60, también generan una movida propia que aglutina a grandes y chicos. Es así que algunas de estas piezas exclusivas son exhibidas con orgullo en las tardes de domingo en la Costanera de Asunción, punto de encuentro obligado para los amigos del pedal.
La columna vertebral de este circuito casi subterráneo de compraventa y canje de piezas antiguas son los talleres dedicados al rescate y puesta a punto de estas bicicletas solo para exigentes. Uno de estos espacios en los que el tiempo parece haberse detenido en las décadas doradas de las monaretas y berlinettas es Custom Cleta, el taller de Omar Fretes.
“Básicamente nos dedicamos a personalizar bicicletas antiguas, rescatamos cuadros que quedaron olvidados en el tiempo y les damos vida nueva”, explica Omar, quien lleva dos años dedicándose a esta actividad. Desde que empezó, lleva más de 50 bicicletas terminadas, algunas con modificaciones solicitadas específicamente por el cliente y otras restauradas exactamente a semejanza del modelo original, como salidas de fábrica.
El mayor desafío para estos rescatistas consiste en la obtención de la materia prima para llevar adelante un proyecto. No es cosa fácil encontrar cuadros de bicicletas comercializadas en nuestro medio hace 20 o 30 años. “Contactamos a los chatarreros, recorremos algunos desarmaderos, buscamos cuadros donde sea y nos rebuscamos para encontrar los repuestos; a veces no conseguimos nada y tenemos que traer piezas de Clorinda”, dice Omar.
“También visitamos principalmente a los antiguos bicicleteros que tienen más experiencia; de ellos sacamos la técnica, intercambiamos un montón de información y aparte es la única manera de que fluyan los repuestos para las clásicas, para las bicis antiguas. Estar en contacto con ellos es la clave”, revela.
Las décadas doradas
Bicicletas fabricadas en las décadas de los 50, 60, 70 y 80. De procedencia inglesa, china, hindú, o los infaltables cuadros de fabricación argentina o brasilera. En Custom Cleta, lo que aparenta ser una pila de hierros oxidados no tardará en convertirse en piezas relucientes y listas para integrar la colección de algún cazador de antigüedades.
“Durante mucho tiempo parece que los bicicleteros más antiguos se estuvieron aburriendo cuando empezó el furor de las motos; se metieron mucho en ese campo. Ahora que empezamos de nuevo con el tema de las bicis, están bastante entusiasmados cada vez que les llevamos una reliquia y les pedimos que nos ayuden a arreglar las ruedas; se entusiasman mucho con nosotros”, asegura Omar.
Entre las más buscadas por los coleccionistas se encuentran marcas y modelos emblemáticos como las Phoenix, Hércules y Phillips, entre los cuadros clásicos y robustos. También las bicicletas pisteras, como la Caloi 10 o la Monark 10, son bastante recordadas y muy solicitadas. “También están algunas muy difíciles de encontrar como las hindúes Hero o Avon”, indica Omar.
Además de los cazadores de bicicletas, quienes ya son conocidos en el circuito por buscar aquellos modelos más pintorescos y difíciles de conseguir, también están los que buscan aquella bicicleta soñada en la infancia, pero que nunca pudieron tener.
“Hay gente que cumple su sueño postergado al armar una bici que no pudo tener cuando chico y que siempre quiso; hubo varios casos de esos. Son los que más se esmeran para que quede lo más original posible, fiel al modelo de la época. Además, una bici antigua es más barata que una de alta gama y es una buena opción para pasearse por la ciudad con seguridad”, comparte Omar, quien comercializa sus bicicletas terminadas a un precio promedio de G. 600 mil.
A puro pedal
En un principio, dedicado única y exclusivamente a la personalización de cuadros playeros, Hugo Sepúlveda es otro de los cultores de la restauración y recuperación de bicicletas poco convencionales. Su primer proyecto consistió en la puesta a punto de una playera de cuadro rojo, que consiguió a un precio muy poco conveniente en una casa de empeño de la capital.
“Generalmente trabajo sobre pedido, pero últimamente –por la dificultad de conseguir piezas– armo lo que puedo con los repuestos que encuentro. Una bicicleta mía puede salir alrededor de G. 800 mil, nueva, con componentes nuevos, rosca, juego de dirección, pedal, cadena; incluso el freno contrapedal tiene que ser nuevo, no se puede modificar ni aceitar nomás”, explica Hugo, quien también ofrece la opción del freno con sistema v-brake para mayor seguridad.
“En todos los casos, el cuadro siempre es recuperado, se lija bien y se le pone una linda pintura. Hay opciones más económicas, de entre G. 400 mil y G. 500 mil, que son cuadros con la pintura original, así como se encontró; con mecanismo, rayos y manubrio nuevos. Por lo general mandamos hacer los manubrios playeros; nosotros los hacemos más anchos para que tengan un mayor poder en las calles. El precio final depende del tipo de freno que prefiera el cliente”, detalla Hugo.
Tanto Hugo como Omar coinciden en que esta actividad, más que representar un negocio conveniente, propicia un espacio de intercambio de conocimientos y pasión por un mismo pasatiempo. “Estamos en permanente contacto y eso genera una red para poder concluir los proyectos. De repente alguien tiene una pieza que a otro le falta y así vamos colaborando para poder armar una bicicleta complicada”, explica Omar.
“Ahora con el tema de la Costanera me parece que se vino el boom y todo el mundo quiere una bicicleta para pasear allí, en cierta parte. Hay ciclistas tradicionales que tienen su bicicleta de alta gama y que también quiere otra opción para paseos más tranquilos”, finaliza Hugo.
Sepa más
Custom Cleta, en Facebook.
david.messina@abc.com.py
Fotos ABC Color/Guido Carvallo/Gentileza de Hugo Sepúlveda.
