Pascua

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“He aquí, pues, la invitación que hago a todos: acojamos la gracia de la Resurrección de Cristo. Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejémonos amar por Jesús, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas y hagámonos instrumentos de esta misericordia; cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación, y hacer florecer la justicia y la paz” (papa Francisco).

De acuerdo con los escritos cristianos, el Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús resucita de su sepulcro. Este hecho es fundamental para el cristianismo. La historia cuenta que, al amanecer, tres mujeres van al sepulcro en el que Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un ángel les dice que resucitó. Van donde está la Virgen con los apóstoles y les dan la noticia. Mientras tanto, Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que habían tenido la noche anterior se transforma en alegría. Rápidamente transmiten a los demás apóstoles y discípulos, y todos permanecen con la Virgen en espera del gran momento de volver a encontrarse con el Señor. El padre Ángel Arévalo, de la iglesia de La Encarnación, explica que hoy, Domingo de Pascua, se celebra una de las importantes fiestas religiosas. “La Pascua constituye el fundamento sobre el cual se asienta y gira toda la vida del cristianismo. Es festejada por millones de fieles en todo el mundo”, afirma. Fueron los primeros cristianos quienes transformaron la celebración de la Pascua judía en la fiesta cristiana de la Resurrección de Jesús de Nazaret, celebrada el domingo siguiente a la luna llena y posterior al equinoccio de primavera (21 de marzo). “Hay que valorar la importancia de las celebraciones de Semana Santa y participar hoy de la misa con gran provecho espiritual”, insta.

Orígenes judíos Aunque en el Nuevo Testamento o las escrituras de los padres apostólicos no hay ninguna indicación de la existencia del festival de Pascua, un texto de comienzos del siglo II sostiene que el festejo es una práctica temprana en el cristianismo. Sin embargo, la mayoría de los historiadores concuerdan en que este se presentó muy probablemente como continuación de las celebraciones de la Pascua judía, con fuerte énfasis en la Resurrección de Jesús y algunos agregados posteriores provenientes de culturas paganas. No hay duda sobre ciertas raíces paganas de los rituales de la Pascua cristiana. En la zona germánica, al igual que en otras regiones del mundo, la evangelización no pudo desarraigar del todo los festejos más importantes de estos pueblos. Allí se celebraba antiguamente una fiesta en honor a Eostre, diosa pagana germánica de la primavera y la luz. Era un festival del equinoccio de la primavera, el 21 de marzo, en el que se celebraba el fin del frío y la oscuridad, y la vuelta a la vida después del crudo invierno.

Símbolos Parte de la simbología de esta fiesta era el conejo, adoptado como ícono de fecundidad, que aún hoy se sigue utilizando en las decoraciones de esta celebración. “Los huevos de Pascua, en la Antigüedad, eran de gallina y pato”, afirma el cura párroco, quien agrega que los cristianos comenzaron a regalarse huevos durante la Semana Santa. Luego, a principios del siglo XIX, en Alemania, Italia y Francia aparecieron los primeros huevos hechos de chocolate con pequeños regalos dentro. Los huevos, coloreados como rayos del sol, son traídos por el conejo de Pascua, también como símbolo de la fecundidad y la vida que renace. Los niños de varias partes del mundo los colorean y esconden. El sacerdote explica que los niños construían nidos en lugares apartados o escondidos de las casas —el jardín, por ejemplo— para que los conejos pongan sus huevos. Para los muy pequeñitos, quienes tienen problemas para encontrarlos, se recomienda escribir la ubicación de los huevos, para no olvidar. La lista de ubicaciones ayuda a dar pistas directas para que los vayan encontrando.

Otras costumbres Tanto en los Estados Unidos como en Noruega y República Checa, las celebraciones de estas fiestas traen aparejadas algunas tradiciones locales que se escapan de su sentido religioso. En los EE. UU., por ejemplo, el día de Pascua se convirtió en un fenómeno comercial del cual participan familias de diversas religiones. La tradición de los huevos, muy arraigada en este país y el centro de Europa e Inglaterra, comenzó debido a que los cristianos católicos, quienes seguían la abstinencia de la Cuaresma, no podían comer, entre otras cosas, huevos ni productos lácteos. Los seguidores de esta tradición guardaban los huevos y, para mantenerlos frescos, los bañaban con una fina capa de cera líquida. Una vez terminada la Cuaresma, se reunían delante de la iglesia de su ciudad y los regalaban. Con el tiempo, la Iglesia católica fue cambiando las tradiciones y hoy solamente recomienda la abstinencia de carne los Viernes Santos. ¿Y el conejo? Para algunos, una fantasía inventada para darles más alegría a los festejos. En fin. Con huevos de chocolate o sin ellos, la Pascua no cambiará su sentido para los cristianos. Otra historia cuenta que una mujer pintaba los huevos de Pascua para sus hijos y decidió esconderlos en una madriguera de conejos de su jardín, pero justo en el momento en el que sus hijos los encontraron, saltó un conejo haciendo creer a los niños que fue este el que puso ahí los huevos. Otra historia sugiere que la tradición de los huevos de Pascua tiene su origen en los pueblos germánicos, cuando —al llegar el cristianismo— la celebración de la Resurrección de Jesús se mezcló con una local y dio origen a regalar huevos a los niños. Los huevos y conejos de Pascua se venden en variadas presentaciones, desde el tradicional huevo de chocolate hasta muñecos y juguetes. En Noruega, por ejemplo, la tradición de la Pascua incluye el esquí en las montañas y los huevos que pintan para adornar. Mientras tanto, en nuestro país, Argentina, Brasil y Uruguay se conserva la tradición de regalar huevos de Pascua decorados artesanalmente con glasé multicolor, o bien con chocolate. En cuanto a la decoración, los huevos siempre representaron un desafío para los reposteros. Los colores estridentes, que representaban la luz del sol y se pintaban a mano, fueron dando paso a los envoltorios de las grandes producciones de huevos durante las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado. Décadas más tarde apareció la moda de rellenar con confites y juguetes sorpresa para la satisfacción de los niños. Sea como fuere, las tradiciones de Semana Santa fueron variando con el correr de los siglos hasta llegar a convertirse, para la gran mayoría de la gente, en una semana en la que no se trabaja y se comen los famosos huevos de Pascua, o se realizan viajes al interior para pasar con los seres queridos o, simplemente, para tomarse unos días de descanso. Lo cierto es que es un tiempo en el que se consume mayor cantidad de chocolate. Y no se olviden: hoy es un día para decir “¡Feliz Pascua!”, porque quiere decir que estamos contentos de poder dar también nosotros los pasos que necesitamos para crecer y ser mejores personas cada día.

El cirio pascual

La Resurrección de Cristo es simbolizada por la luz, por el fuego nuevo, que ahuyenta las tinieblas de la muerte y resucita victorioso. La luz, elemento natural, se convierte en símbolo de vida, felicidad, alegría y esperanza. Entonces, iluminar la noche con el cirio pascual es representar la victoria de Cristo sobre la muerte, y estar envueltos en su luz nos llena de gozo y esperanza. El cirio pascual significa, pues, que Cristo resucitado está presente con nosotros, aquí y ahora; simboliza la victoria de la vida sobre la muerte, abriendo e iluminando nuestro caminar en su seguimiento. Las inscripciones del cirio pascual: las letras del alfabeto griego, alfa y omega, y el año son símbolos que nos hacen tener presente que está entre nosotros ahora y por toda la eternidad. Asimismo, nos recuerdan que Él es el principio y fin de todas las cosas. Los cinco granos que se clavan en el cirio pascual simbolizan las cinco llagas de Cristo muerto y resucitado. El cirio pascual, que tiene su lugar junto al altar, después de hoy, solo vuelve a encenderse en los bautismos. En las exequias, se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua. Fuera de estas fechas, no debe encenderse ni permanecer en el presbiterio.

Por Nancy Duré Cáceres ndure@abc.com.py • Fotos ABC Color/Gustavo Báez.