Agricultor se ingenia y fabrica su propia rastra

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Una creativa familia de productores agrícolas de la localidad de Cuatro Bocas, distrito de Carayaó, Dpto. de Caaguazú, fabrica su propia “rastra cañera”, lo que le permite ahorrar dinero en compra de máquinas agrícolas y en costosas carpidas. El singular implemento evita al labriego trabajar con azada y soportar las altas temperaturas en su chacra.

CARAYAÓ Dpto. de Caaguazú (Carlos Mariano Godoy, de nuestra redacción regional). Dionisio Ruiz Díaz, sus hijos Agustín y Dionisio Ruiz, y Celso Antonio Villalba, forman parte de una familia afincada en la compañía Cuatro Bocas de esta comunidad. Cuentan con suficiente tierra donde cultivan caña dulce de manera exitosa.

Los agricultores comentaron su experiencia de “fabricar” sus propias herramientas para ser utilizadas en sus cultivos. Por ejemplo, mediante la capacitación técnica de sus hijos pudieron hacer para su “rastra cañera”.

Se trata de una máquina que cuesta en el mercado nacional cerca de G. 22 millones. Los productores usaron un plano de los menonitas afincados en la ciudad de J. Eulogio Estigarribia (ex Campo 9), pusieron manos a la obra y pusieron a prueba su capacidad creativa. Ahora cuentan con un valioso elemento de trabajo.

Dionisio Ruiz Díaz dijo que el implemento significa una enorme ventaja para el productor, teniendo en cuenta que en primer lugar se ahorra mucho dinero.

“El precio de una rastra del mercado nacional orilla los G. 22 millones y haciendo en la casa, solamente se gasta G. 11 millones . Solo se compran hierros, caños y los discos”, apuntó Dionisio Ruiz.

La rastra cañera permite trabajar en un terreno mecanizado las 24 horas.

Los labriegos contaron que una carpida hecha con azada cuesta G. 600.000 la hectárea y lleva días enteros terminar el trabajo.

Esta familia, además de dedicarse a la cría de ganados y aves, tienen cultivos de caña dulce, sésamo, maíz, algodón, mandioca.

Dionisio Ruiz Díaz dijo que la tesonera labor de sus hijos le permite tener una posición económica cómoda en su comunidad, donde practican la agricultura familiar campesina.

Finalmente, los campesinos señalaron que están dispuestos a compartir sus experiencias con otros pequeños productores. Incluso existen las posibilidades que esta familia “fabrique” otras rastras cañeras, según indicaron.