Con La serva padrona la ópera llegó a la ciudad culta

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De la mano de su director, el maestro guaireño Diego Sánchez Haase, el Ensamble de Música Antigua de la UNVES presentó el pasado 30 de noviembre, por primera vez en Villarrica del Espíritu Santo, una ópera célebre a cargo de un elenco profesional.

Antes de comentar brevemente lo que fue esta histórica jornada musical, comparto con los lectores una anécdota. Si mal no recuerdo, fue a finales de 1997, cuando Diego Sánchez y quien escribe estas líneas enseñábamos en el Conservatorio Municipal de Música de Asunción, ya en esos años dependiente del IMA (Instituto Municipal de Arte). Veníamos de hace tiempo soñando con una revista de carácter musical, y en un formal acto en la Biblioteca del IMA, con presencia de grandes amigos y colegas “lanzamos” el número 1 de la revista denominada La Música.

Lo simpático – o tal vez trágico – de la anécdota es que La Música nunca pasó del número 2. Pero hicimos el intento. Quien suscribe siguió enseñando Historia de la Música por algunas instituciones, en otras guitarra clásica o popular. Pero Diego Sánchez siguió creciendo como artista, compositor y, fundamentalmente, director orquestal.

¡Y cómo ha crecido este paraguayo excepcional! Hoy es director del Ensamble de Música Antigua de la UNVES (Universidad de Villarrica del Espíritu Santo) y tiene también a su cargo nada menos que la Orquesta del Congreso Nacional, paralelamente a una presencia internacional que cada vez se afianza más.

Una trayectoria brillante y en permanente ascenso, que –en este caso– suma un mérito más con la dirección de la obra que comentamos a continuación.

La serva padrona (La criada patrona) es una obra maestra del arte escénico- musical-humorístico universal, que en esta ocasión contó con el concurso de prestigiosos solistas de ópera: la soprano de prodigiosa imagen Alba Álvarez, que ya había deleitado al público en diversos escenarios con su impecable interpretación de Serpina, esa especie de pícara Cenicienta que pasa de criada a patrona, al embaucar y casarse con Uberto, su patrón, viejo y rico; y Alejandro Méndez Mazó (Uberto), elogiado por la crítica especializada por sus composiciones de personajes bufos, como Don Basilio de El barbero de Sevilla y el estrafalario doctor Dulcamara de El elixir de amor.

La acción: Los papeles mudos de Vespone y otro sirviente fueron interpretados por José Villalba y Junior Amarilla, respectivamente, con un extraordinario trabajo de pantomima. La regie (puesta en escena y dirección actoral) fue toda una lección de imaginación a cargo de Pedro Paredez y Alejandro Ledesma Juvinel, e incluyó una escenografía minimalista con una pomposa cama como centro de gravedad del movimiento, y la presencia de la orquesta en el escenario, interactuando con los cantantes–actores.

La música: El Ensamble de Música Antigua está conformado por los más renombrados músicos paraguayos especializados en música barroca, que participaron de experiencias de perfeccionamiento en Alemania y Francia. La agrupación forma parte del Centro de Investigación Musical de la UNVES, dirigido también por Sánchez Haase, y debutó en el mundialmente célebre Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos” (Bolivia). Tocó en el más acertado estilo, dialogando naturalmente con los cantantes, a través de fraseos y articulaciones precisos y vitales, fiel a la intención y la enseñanza del maestro paraguayo del barroco, que condujo la agrupación y tuvo a su cargo no solo la dirección musical, sino también la general.

El espectáculo: Es destacable la completitud música–acción del espectáculo, que además de ofrecer una ejemplar y purista interpretación barroca, rindió homenaje a la Comedia del Arte, género teatral en que se inscribe esta obra que divirtió al público, caricaturizando el matrimonio por interés, típico de todos los tiempos, con el profesionalismo de la musical Alba Álvarez y el simpático Alejandro Méndez Mazó, cuyas excelentes voces se lucieron en los bellos dúos y arias.

Giovanni Battista Pergolessi (1710 – 1736), con 22 años de edad, y su libretista Genaro Antonio Federico escribieron su “intermezzo” La serva padrona (La criada patrona) para ser interpretado entre dos actos de su ópera seria El prisionero soberbio. Pero jamás pensaron que esta obra “menor” tendría el éxito que alcanzó a través de los tiempos, y se convertiría en la primera pieza de la historia, paradigmática del género. Con su música directa, ritmos pegadizos y una trama de particular encanto, es una de las obras más representadas en el mundo entero.

Esta comedia musical dura unos 40 minutos, y fue el plato fuerte de la gran noche guaireña, siendo bueno y breve, los dos atributos que hacen “dos veces buena” a la producción cultural. Pero el aperitivo que complementó el menú no fue menos sabroso: el afamado “Quinteto con clarinete, en la mayor KV 581”, que contó con la participación del virtuoso clarinetista invitado José Cabrera. El emprendimiento, que forma parte de la labor de extensión cultural de la meritoria UNVES, arrancó la ovación de la culta sociedad guaireña, que merecía inaugurarse en este gran arte lírico, a partir de ahora instalado como una raíz en tierra fértil.

Profesor de música

tomiservin@gmail.com