Dr. Carlos Pastore, La lucha por la tierra en el Paraguay

Un atardecer cálido de Asunción llegamos a la casa del Dr. Carlos Pastore, el 21 de octubre de 1991, para hacerle una entrevista.

Cuando le dijimos por teléfono que queríamos entrevistarlo para el diario La Prensa, de Buenos Aires, se mostró más que interesado. "Tengo familiares allá y me es muy cara esa ciudad", dijo. "También guardo muy gratos recuerdos de Montevideo, Uruguay, donde estuve exiliado muchos años". La entrevista finalmente no se publicó por esas cuestiones periodísticas que a veces son mágicas o porque "el personaje" ya no importa. Ahora, más de una década después, la publicamos porque no ha perdido vigencia. Lo hemos reescrito, claro, para darle un tono de reportaje que se aviene mejor con nuestro estilo.De ochenta y cuatro años, Carlos Pastore era un hombre de aspecto muy distinguido que envejecía con la misma seriedad con la que había actuado en política, con un traje de corte impecable, gruesos anteojos de marco de carey (estaba casi ciego). El pelo blanco le escaseaba bastante en la coronilla, tenía la cara arrugada en los lugares apropiados, y su expresión, antaño feliz y juvenil, exhibía hoy por hoy más reposo y lucidez; evidentemente, en su tiempo, un hombre de acción pero, visto más de cerca, una figura bastante abatida por los años aunque, como en ese momento, esté distendido, dándole órdenes sin parar a su secretaria y amanuense Ramonita Domínguez (hoy doctora en Leyes y en Filosofía y Letras). Hablaba lentamente.   

El Partido Liberal Radical   

Carlos Pastore nació en Mbuyapey, en 1907. Abogado egresado de la Universidad de Asunción, tuvo oportunidad de conocer directamente los problemas de conducción del Estado de su país en vísperas y durante el conflicto del Paraguay con Bolivia por el territorio del Chaco, en la Secretaría de la Presidencia de la República, en funciones de confianza e integrando el Estado Mayor del Ejército en Operaciones del Mariscal José Félix Estigarribia.   

Durante el gobierno de Estigaribia, fue presidente del Instituto de Reforma Agraria y redactó el Código de Reforma Agraria de 1940 e inició su aplicación. Esta circunstancia le valió el destierro, ordenado a la muerte de Estigarribia por el gobierno de Higinio Morínigo, incorporándose a los cuadros directivos del Partido Liberal Radical, del que llegó a ser presidente por un período estatutario. Publicó en diarios, revistas y folletos varios trabajos sobre temas políticos e históricos, por ejemplo: Historia social y política del Paraguay, Historia de la yerba mate, El desarrollo en el Paraguay en el siglo XIX, y sobre temas referentes a la integración de los países de la Cuenca del Plata. Su libro más popular y conocido es La Lucha por la tierra en el Paraguay, en el que el autor realiza un trabajo de sociología jurídica que abarca desde la llegada de los españoles al territorio de este país en 1536 hasta 1972.   

"Este libro —decía Carlos Pastore— trata de la implantación y desarrollo de las relaciones coloniales internas en el Paraguay y de los términos de las relaciones entre los sectores de su población en el tiempo de la declaración de la independencia del poder español; de la conquista por el capital internacional de las fuentes de riqueza del país producida con la derrota en la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870); y de los efectos y estado actual del dominio extranjero en el Paraguay".   

Porque es un político, su situación es particularmente penosa; la política —decía— no pertenece al Génesis, sino a la Revelación. Como intelectual y político dotado —o condenado— a la conciencia, es el producto final del peso de toda la historia del Paraguay que carga a hombros. Debe estar en contacto con su siglo, no puede desconectarse. "La actual situación paraguaya tiene profundas raíces históricas en acontecimientos cuyos efectos negativos no fueron superados hasta el día de hoy, la destrucción y dispersión en distintas oportunidades sucesivas del sector gobernante de su población, y la conquista por el capital internacional de las fuentes de su riqueza colectiva".   

"Con el triunfo de los radicales en la dirección del Partido Liberal —recordaba Pastore— se inicia una nueva época en el proceso de la legislación agraria en el Paraguay, caracterizada por la supremacía de los ideales que dieron nacimiento al partido. Los radicales exaltan la figura política de José de la Cruz Ayala, se declaran los sucesores de sus ideales y bajo la dirección de Manuel Gondra se conectan con el movimiento radical mundial en la defensa de las ideas progresistas". En lo interno, le recordábamos, el radicalismo era una posición en la aplicación del programa inicial del partido, frente al ala conservadora del mismo que transa con las relaciones coloniales internas vigentes en el país.   

La situación de los trabajadores de los yerbales  

"Había llegado el momento —explicaba— de poner en práctica las ideas y planeamientos analizados en las filas partidarias desde fines del siglo XIX. En aquel tiempo, en horas de crisis en la conducción del partido, Manuel Gondra había planteado que su reorganización era posible con un programa de "tendencia moderna" que procure el bienestar material del pueblo mediante la defensa de sus intereses frente a la especulación que realizaba el capital con el trabajo del obrero. Por ejemplo, la situación de los trabajadores de los yerbatales fue entonces objeto de las más duras críticas.   

Aquí podríamos recordar a Rafael Barrett, en lo que son los yerbales, cuando dice: "Es preciso que sepa el mundo de una vez lo que pasa en los yerbales. Es preciso que cuando se quiera citar un ejemplo moderno de todo lo que puede concebir y ejecutar la codicia humana, no se hable solamente del Congo, sino del Paraguay".   

"El Paraguay se despuebla —dice—; se le castra y se le extermina en las 7000 u 8000 leguas entregadas a la Compañía Industrial Paraguaya, a la Matte Larangeira, y a los arrendatarios y propietarios de los latifundios del Alto Paraná. La explotación de la yerba mate descansa en la esclavitud, el tormento y el asesinato".   

Nos asombró su memoria, su léxico y fuerza expresiva. Continuó explicando: "La situación de los trabajadores de los yerbatales fue entonces objeto de las más duras críticas. Lejos estos del afecto de sus hogares, expuestos a todos los peligros, el capital que producen a los especuladores era retribuido con un miserable salario". Y tal situación era observada en todas las actividades económicas del país. Electo presiente de la República en 1910, Gondra afirmó que su gobierno pondría "especial cuidado al problema social de la tierra, proponiendo leyes que tiendan a facilitar la subdivisión de la gran propiedad e incorporando resueltamente a nuestra legislación del hogar el principio de la inalienabilidad, hoy tímidamente insinuado en la fundación de colonias indígenas, principio que si bien es cierto, como se ha observado, restringe el crédito personal, en cambio asegura la estabilidad de las familias en las generaciones por venir".   

"Inspirados en estas ideas, los diputados nacionales Cleto de J. Sánchez y Carlos Pastore, mi padre, presentaron a la Cámara de Diputados, en 1910, un proyecto de ley que, actualizado años después por el diputado Modesto Guggiari, fue sancionado en 1918 con el nombre de Ley de Homestead, N.º 309 del 5 de octubre".   

En aquellos años, Eligio Ayala afirmaba que el latifundio en el Paraguay tenía un poder despótico, era la más poderosa defensa del régimen económico feudal y su existencia evitaba que todas las familias posean tierras para cultivar. La falta de casas, de habitaciones confortables en el campo paraguayo, debía imputarse, según Ayala, a la defectuosa repartición de la tierra, a la inseguridad de la posesión de la misma, y al desequilibrio entre la producción de la ganadería y la agricultura, que crean condiciones para un desarreglo económico mantenido por la coexistencia de la grande y pequeña propiedad y las deficiencias de las leyes agrarias vigentes.   

La educación económica del pueblo  

"En los nuevos estatutos del Partido Liberal —recordaba el Dr. Pastore— aprobados en la convención partidaria de agosto de 1916, se establece como uno de los fines del partido procurar el establecimiento de un régimen que permita y facilite una justa distribución de las riquezas, al mismo tiempo de estimular la educación económica del pueblo; y en el programa aprobado por la misma convención, en sesión del 24 de agosto del citado año, en el capítulo referente a la política agraria, se fija como programa del partido propender por todos los medios más aconsejados a la multiplicación y estabilidad de la pequeña propiedad y organizar la defensa legal de los intereses del agricultor cuando se refieren a la posesión y ocupación de la pequeña propiedad".   

Emilio Ravignani, un celebrado investigador histórico argentino, decía al referirse a la primera edición de La lucha por la tierra en el Paraguay, en carta dirigida al autor: "Me he compenetrado de su contenido y mucho he aprendido para comprender aspectos vitales de la historia del Paraguay. Por la materia tratada, la abundante información y el método adoptado, usted ha logrado presentar un trabajo modelo que debería realizarse con muchos otros países de Hispanoamérica. La historia política y militar, más apasionante, ha hecho olvidar a nuestros autores la influencia de factores que aún fermentan como los que usted analiza con tanta precisión y claridad".   

No está por de más hacer un poco de historia. El 27 de junio de 1887, los líderes de la oposición al gobierno de Bernardino Caballero resuelven fundar un centro político que comenzó llamándose Centro Democrático, para luego denominarse Partido Liberal.

"Los fundadores del Centro Democrático —aclaraba el Dr. Carlos Pastore— representaban al sector progresista de la clase superior de la población, a los campesinos de los partidos y pueblos de origen español y mitayo, a los industriales y ganaderos afectados por la enajenación de los yerbatales, bosques y praderas del fisco, y a los grupos intelectuales que habían adquirido importancia política en los últimos años con la incorporación a los mismos de los egresados del Colegio Nacional de Asunción, fundado en 1878, y que para aquella fecha ya había formado cincuenta y nueve bachilleres, jóvenes venidos de todas las clases sociales y de diversas regiones del territorio del país".   

El Dr. Pastore tuvo oportunidad de conocer directamente los problemas durante el conflicto del Paraguay con Bolivia, que desembocó en la Guerra del Chaco, entonces le preguntábamos su opinión sobre cuál fue el verdadero motivo originario de la guerra. Decía que la causa verdadera fue "la concesión petrolífera de tres millones de hectáreas otorgada por el Gobierno boliviano en 1920 a la Standard Oil en los departamentos de Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija, lindante este último con nuestro gran Chaco, debemos recordarlo muy bien, intervino un nuevo factor en la solución del antiguo litigio que mantenían nuestro país y Bolivia por el dominio del territorio del Chaco Boreal, que fortaleció la tesis boliviana de la "salida sobre el río Paraguay". Y aquí viene el quid de la cuestión. Con el propósito de asegurar su preeminencia en la región, la Standard Oil, sí señor, planteó, en efecto, la salida del petróleo de sus concesiones por las aguas de aquel río. Esta nueva circunstancia impuso al Gobierno de Asunción la obligación de realizar el estudio de los problemas relacionados con la explotación de las fuentes petrolíferas de los territorios de los países sudamericanos, encomendando esta labor al embajador en Washington, Eusebio Ayala, cuyos resultados pudo apreciarse durante el desarrollo de la Guerra del Chaco.   

"El estallido de las operaciones militares, mi querido periodista, grábeselo en su cabeza, dio lugar a una intensa publicidad sobre la intervención de la Standard Oil en el conflicto bélico. La ‘causa invisible de la guerra’, se afirmaba, debía buscarse en el petróleo, en la posesión de uno de los más ricos territorios de América en yacimientos petrolíferos. Las ‘causas visibles’, las ‘falsas’, serían la necesidad de la salida de Bolivia al río Paraguay. El propulsor de la guerra, de eso no quepan dudas, fue la Standard Oil, que imperaba en Bolivia con cuatro millones de hectáreas concedidas para cateo, dos millones —oiga bien— quinientas mil hectáreas para explotar, y un millón de hectáreas en sociedad con el Estado".   

La Era de Higinio Morínigo  

Las palabras del Dr. Pastore fueron contundentes y esclarecedoras. Ahora queríamos saber, ya que era un libro abierto de memoria inagotable, su opinión sobre le era de Higinio Morínigo, que le tocó vivir y fue el causante de su destierro. "Algunas de las opiniones que he defendido durante mi vida política han resultado chocantes para devotos y supersticiosos —contaba— pero nunca para los amigos del razonar. Pretendo iluminar a los hombres, no deslumbrarlos. No quiero competir con los farsantes en proponer paradojas y maravillas, sino denunciar sus imposturas y defender la dignidad de la cordura. Soy enemigo nato de los enemigos del sentido común. Las falsedades no cuentan con mi beneplácito filosófico aunque sean muy entretenidas y disgusten a los políticos".   

"El período de Morínigo, que a usted le interesa y tal vez a algunos paraguayos de aquí y de la Argentina, arranca en la década de 1940, que es en el Paraguay la era de Higinio Morínigo. Entre los acontecimientos resaltantes de esta década deben citarse la reforma monetaria, la creación de las corporaciones de carne y alcohol, la derogación de las disposiciones legales que amparaban a la masa de agricultores, la sanción de la ley que ordena la venta de tierras fiscales del Chaco, la disolución del Partido Liberal, la dispersión del cuadro de jefes y oficiales del Ejército del Chaco, el éxodo de la población campesina a la capital y al exterior, la revolución armada de Concepción, el cierre de escuelas y colegios de enseñanza primaria y la concesión exclusiva de la explotación del petróleo del Chaco".   

"Una parte importante de la población nativa del país, repito y lo afirmo, había emigrado a la Argentina y al Brasil con sus cuadros de dirigentes, científicos, técnicos, profesionales, campesinos y obreros especializados con sus familias y bienes… Siempre ha sido mi destino ser considerado sumamente impío por decir de cien maneras que nunca se hace bien a Dios al hacer daño a los hombres. La era de Higinio Morínigo creó, lo repito por enésima vez, condiciones de anarquía política y destrucción de los valores fundamentales del país, que hasta la fecha no fueron superadas. El recuerdo de una frustración nacional y el dolor colectivo producido por el éxodo y la dispersión del pueblo constituyeron factores paralizantes del desarrollo del Paraguay".   

Horror y llanto  

El Dr. Carlos Pastore nos explicaba, una vez más, que el régimen de Morínigo hizo retroceder la historia de la república, y el 16 de marzo de 1944 firmó el decreto N.º 2947 que niega al "intruso" (el paraguayo sin tierra) los derechos sancionados en las leyes agrarias desde 1918, y lo coloca al margen de los beneficios de la reforma agraria. "Dos meses después de la sanción de este decreto, Morínigo firmó otro que lleva el N.º 3790 y por el cual se deja sin efecto la obligación impuesta al Departamento de Tierras y Colonización por el artículo 129 del Estatuto Agrario de dar ubicación a los campesinos desalojados de predios privados, antes del lanzamiento, sustituyendo esta obligación del instituto por la facultad de hacerlo o no. Así volvió a parecer en nuestra legislación agraria el "intruso", que constituye no menos el 50 % de la población campesina del país, abandonado a su suerte por expresa disposición legal, sin derechos y al margen de la ley civil, sin amparo en las instituciones, juguete de las condiciones creadas a la república por el imperialismo, castigado en su carne y en sus derechos, paria en su tierra, sin otro porvenir que la miseria o el destierro voluntario u obligado y con el destino próximo de que hordas armadas por el imperialismo y agrupadas por el tirano, incendiarían sus hogares, arrasarían sus sembrados, marchitarían el honor de sus mujeres, flagelarían a sus hermanos, asesinarían a sus padres y cubrirían de vergüenza, de horror y llanto el territorio de la nación".   

"Las líneas que debería escribir para completar algunas de mis obras inconclusas y aún no escribo, así como éstas que le estoy dictando en respuesta a sus preguntas para realizar su entrevista o reportaje ya no me será dado conocer, no provienen de mi mano. Tengo el pulso demasiado tembloroso desde hace años y mi vista es malísima; estoy ciego como un topo. No es gran perdida, al decir de Borges, porque así me ahorro contemplar mi biblioteca que se ha convertido en un rincón olvidado en el que paso ya no mis últimos años, sería presuntuoso a mi edad hablar de años, sino mis últimos días o mejor mis postreros momentos. La amanuense que completa mis trabajos literarios se llama Ramonita Domínguez y es mi secretaria desde hace años. Estudia Derecho y tiene un gran porvenir, y me atrevo a asegurar que es modelo de secretarias. No he tenido junto a mí a nadie más honrada, más discreta ni más fiel".   

Terminó la entrevista y nos estrechamos las manos. Su secretaria nos observaba. Nadie decía nada. Hasta que el Dr. Carlos Pastore dijo, no con enojo ni tristeza, sino como un simple hecho que se anuncia:  

—Hubo una época… en que yo también era joven.
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