La piedra oscura: el milagro de la persistencia

Inspirada en la vida de Rafael Rodríguez Rapún, compañero de Federico García Lorca, y contra el olvido de los arrojados a las cunetas de la Historia, La piedra oscura presenta la memoria como espacio de justicia –y reivindica, nos dice el autor de este artículo, «la voz profunda del silencio del poeta»–.

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«Obra como si hubieses de morirte mañana, pero para sobrevivir y eternizarte».

Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida 

El olvido y la memoria 

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Indagar en el olvido no solo abre posibilidades de reconstruir una entidad-objeto desde el impulso de su ausencia. Que prime su silencio no indica su no-existencia y recurrir a todas las posibilidades a través de la ficción y desde la «suposición» del autor como excusa para la acción, otorga a la entidad-objeto nueva vida en la eternidad. Quizá sea la ficción misma la mediadora en la pulseada entre la amenaza del olvido y la obsesión por la memoria prohibida. En esta dualidad encontró Ricoeur un obstáculo al trabajo de la memoria, sosegada por la indagación para que la ficción, en el caso de La piedra oscura, de Alberto Conejero (Jaén, 1978) despegue y dé cuenta de un imaginario realista, verídico, avalado por un valioso trabajo de investigación documental (cartas intercambiadas).

Cuando no es necesario precipitarse en nuevas formas de narración que solo evidencian una dinámica de por sí ya emotiva y fuerte, tiene mejor cabida el ser en uno de una dupla que juega sensualmente con lo posible e improbable de un diálogo: Rafael Rodríguez Rapún, amante del poeta, entonces ya fallecido, Federico García Lorca, y Sebastián, un soldado que lo custodiaba en la habitación de un hospital militar. La reconstrucción de la ausencia insiste en el diálogo, reconstrucción gracias a la cual García Lorca como entidad-objeto existe, configurada en un entorno de profundo erotismo —su conocida relación con Rafael, a pesar de la bisexualidad de este— que, insistente, palpita en cada palabra secundada por candentes y tajantes silencios.

El temperamento de Sebastián, que tiene a su cargo custodiar la habitación de Rafael, responde al legado de un fascismo en su caso todavía pusilánime, que refleja realidades que trascienden todas las geografías y todos los tiempos. Sin embargo, el ímpetu en las palabras de Rafael tienta a Sebastián a soltar la lengua y sucumbir a la amistad, a «salirse del protocolo». Entonces Rafael encuentra una apertura en Sebastián para hacer reposar sus emociones y sostenerlas a lo largo de la dramaturgia. 

A pesar de ello, permanece el regusto del enfrentamiento entre el encierro y la libertad, donde el encierro conserva la pasión entre líneas, propia del homosexual no asumido, inexplícito; y la libertad, la máscara amenazadora de quien hace gala de ella y, por ende, puede reprimir la del otro.

Federico y Rafael

Lo piadoso de La piedra oscura radica en que la memoria de García Lorca sale a la luz y flota desesperadamente en la pasión desenfrenada impregnada en el discurso de Rodríguez Rapún. Lorca sería ejecutado exactamente un año antes que Rafael, coincidencia poética que perdura en la historia de los dos amantes. Asimismo, volvemos a indagar en la cuestión de la memoria, donde el compromiso de Conejero queda manifiesto: «nadie puede desaparecer del todo». Encontrar en las últimas horas de Rodríguez Rapún una excusa para reivindicar la memoria de García Lorca recuperada desde las cartas intercambiadas habla de un trabajo de resignificación de la memoria sensato e impactante. La ficción, que pudiera desmerecer veracidades históricas porque habla de supuestos, ya es secundaria. Volvemos a la improbabilidad de un diálogo ficticio porque el autor va más allá de la dualidad entre las huellas y la imaginación. Parte de pruebas de esa relación —las cartas— y utiliza la ficción como telón de fondo para contar esa historia que no debe ser callada, sino unida a partir de sus retazos.

A partir de ahí es prudente considerar el milagro de la persistencia de las huellas de la memoria, como en el caso del acervo de la familia Rodríguez Rapún, tal vez por un sortilegio, una suerte que el destino ha deparado a las entidades-objetos Federico y Rafael. Alberto Conejero tuvo la gracia de acceder a ese acervo, similar a otros celosamente protegidos por la desconfianza de las familias de las víctimas. Mas con el mensaje no callado se van superponiendo más posibilidades de reivindicar la voz profunda del silencio del poeta. Y trasciende la mera rememoración.

El teatro y la memoria 

La memoria en Paraguay es una asignatura pendiente, sin fortalecerse. La burda reivindicación de los héroes de la patria que condena Brecht con total acierto sigue opacando a los héroes anónimos u olvidados con la saña de la ignorancia que nos lega el nacionalismo extremista, etnocéntrico, militarista y superficial. Tanto España como Paraguay han arrojado sus héroes anónimos según los procesos históricos acaecidos en sus tierras. No obstante, reconstruir la memoria en tierra fértil todavía puede seguir siendo fructífero en el descubrimiento del pasado.

La piedra oscura constituye una oda al no-olvido, lema del Mes del Teatro Hispano Paraguayo, justamente, al decir de Ian Gibson en el prólogo del libro, gracias al teatro, que «nos permite apaciguar esa ausencia, haciendo presente lo que por siempre será invisible».

Los ecos de la lucha por la libertad, en todos los regímenes, pudieron eternizarse a través del aparato del arte. En el teatro, emociona la protesta en favor de la libertad como la esencia del teatro de la memoria. El mensaje final de Rafael a Sebastián antes de morir da la estocada ejemplar al régimen: «Los que te han obligado a estar aquí. Esos pagarán. Y les perseguirá la vergüenza hasta el último de sus días. No podrán levantar la cabeza sin que un dedo les señale: “este enterró a tres inocentes en una cuneta”…» Sebastián encuentra ahí su redención y supera con creces al Eichmann de Hannah Arendt, mero títere de la tiranía donde «es más fácil actuar que pensar».

La piedra oscura en Paraguay 

La piedra oscura (2014), premio Ceres, Premio José Estruch y premio Max al mejor autor teatral 2016, subió con notable éxito a escena en varias ciudades españolas. Se estrenó en Paraguay, en el VI Mes del Teatro Hispano Paraguayo, el viernes 17 de noviembre, con funciones hasta hoy a las 20:00 horas en el Museo de las Memorias (Chile 1066) y entrada libre y gratuita. Con la dirección de Jorge Báez y la actuación de Hernán Melgarejo y Manuel Alviso.

Bibliografía 

Alberto Conejero: La piedra oscura. Madrid, Antígona, 2015, 108 pp.

Paul Ricoeur: La memoria, la historia y el olvido. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2013, 673 pp.

Miguel de Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida. Madrid, Globus, 2011, 262 pp.

jj.detorrespy@live.com

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