Pandemia y empleo: ¿qué desafíos implica para las mujeres en seguridad social?

La participación laboral de las mujeres sigue anclada a oportunidades e ingresos que distan de los obtenidos por hombres. Pese al avance en bajar la brecha de género, la misma aún debe recorrer varias décadas para que desaparezca. Con la pandemia, el proceso sufrió indefectiblemente un retroceso. Para el Banco Mundial no solo la presencia laboral femenina es baja (en promedio, 24 puntos porcentuales menor a la de hombres) sino que cuando trabajan tienden a tener sus carreras laborales más interrumpidas por el cuidado de hijos, padres, etc., situación que ha sido agravada por la crisis sanitaria.

Pandemia y empleo
Pandemia y empleo

De acuerdo al Banco Mundial (BM), en Paraguay los hombres contribuyen a la seguridad social durante un 34% de su carrera laboral, mientras que las mujeres apenas un 20%. Esta brecha es igual, incluso, en países con mayor formalidad laboral y cobertura, como es el caso de Uruguay. En este país, los varones contribuyen a la seguridad social en promedio durante un 70% de su trayectoria laboral, las mujeres solamente en un 63%.

Otro dato importante expuesto por el BM está vinculado a los retos que enfrentan las mujeres para garantizar la autonomía en la vejez. Señala que, a pesar de tener sistemas de pensiones distintos, tanto en Chile como en Uruguay los hombres tienen mayor probabilidad de retirarse que las mujeres. Pero las opciones de retiro mejoran y se equiparan a las de los hombres cuando esas mujeres han tenido carreras laborales largas, mayor educación, y un buen récord de contribuciones.

De acuerdo con el Índice Global de Brecha de Género 2020 del Foro Económico Mundial, América Latina y el Caribe ha reducido el 72,1% de su brecha de género hasta la fecha, registrando un avance del 1% con respecto al año pasado. Al ritmo actual, esta región tardará 59 años en cerrar la brecha de género. Esto es una reducción en la disparidad entre hombres y mujeres en 153 países en materia de participación y oportunidad económica, así como de logro educativo, salud y supervivencia y empoderamiento político.

Pese a que varios países latinoamericanos y caribeños lograron la paridad en la atención de salud, y en el acceso a la educación, el denominador común, en toda la región, sigue siendo la desigualdad salarial, la participación política y económica del género femenino.

En el Índice Global de Brecha de Género 2020, Paraguay ocupa el puesto 100 a nivel mundial y 23 en la región en paridad de género. Lo que ubica al país después de Argentina (Puesto 7) y Brasil (Puesto 22), logrando escalar así, 4 lugares con respecto al 2018.

En lo que respecta al área de participación y oportunidad económica (valora el nivel salarial, participación y empleo altamente capacitado), Paraguay está rankeado en el puesto 95. Esto por encima de Argentina (103) y por debajo de Brasil (89).

Mercado laboral en Paraguay y marcada desigualdad

Los datos presentados a continuación marcan una referencia para el año 2020, debido a que aún se encuentran en proceso de cierre. Por tanto, se consideran los números consolidados del año 2019.

En ese sentido, las informaciones disponibles en el portal del Instituto Nacional de Estadística (INE) dan cuenta que al cierre del año 2019, la población de Paraguay totalizó 7.152.703 habitantes. Así, el 29,2% era menor de 15 de años de edad, 64,2% tenía entre 15 a 64 años y el restante, se encontraba en la franja etaria de 65 años y más.

Al observar la distribución geográfica, el 62,1% de la población paraguaya viven en zonas urbanas y el 37,9% en las áreas rurales. En cuanto a la esperanza de vida al nacer, de acuerdo siempre a los datos del INE, para las mujeres es de 77,5 años, en tanto la esperanza de vida para los hombres es de 71,6 años.

Cuando se desagregan los datos por población de 15 años y más sin ingresos propios, las mujeres figuran por lejos, con el 16,8% como el grupo que no percibe ingresos monetarios individuales y no estudia en comparación a los hombres (6,9%). De esta manera, la brecha en la mencionada condición llega al 10,6%.

Trabajo doméstico

La última Encuesta de Uso del Tiempo (EUT) de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (DGEEC) muestra que en Paraguay las mujeres dedican la mayor parte de su tiempo a las diversas tareas del hogar y, en segundo lugar, al trabajo remunerado. Bajo este esquema, las mujeres brindan el 61% de su tiempo al trabajo no remunerado y el 39% a actividades que le generan ingresos. Sin embargo, los hombres solo dedican el 25% a actividades sin remuneración y el 75% a las que sí tienen alguna retribución.

Esta distribución de tareas por sexo revela una antigua división del trabajo heredada posiblemente de un esquema cultural-rural, donde el hombre es el encargado de salir del hogar para producir, mientras la mujer se ocupaba de la organización de la vivienda y de la crianza de los hijos. En los últimos años este esquema ha venido en clara decadencia ya que las mujeres se abren del hogar para proyectarse e insertarse en el mercado de trabajo, especialmente en el sector de comercio y servicios, con aún marcadas desigualdades en materia de oportunidades e ingresos.

Sin cobertura social

Pese al avance, las mujeres continúan formando parte de ese importante grupo sin cobertura social en el país, situación que, con la pandemia, ha significado un nuevo retroceso.

De hecho, para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un denominador común para todas las mujeres ha sido siempre la sobrecarga de tareas fuera del ámbito laboral, que afecta su trabajo y su calidad de vida. A raíz del covid-19, las mujeres trabajadoras han tenido que combinar su trabajo remunerado con tareas del hogar, educación de los hijos y tareas de cuidado, responsabilidades que caen desproporcionadamente sobre las mismas.

De acuerdo con los estudios del organismo internacional, las féminas pasan, en promedio, el doble de tiempo en el trabajo doméstico no remunerado que los hombres. Esto impacta en el desarrollo de sus carreras, afecta su competitividad y eficiencia, obliga a dejar pasar oportunidades y crea obstáculos para obtener promociones y aumentos. También, en algunos casos, las obliga a abandonar los espacios que han conseguido en la esfera pública e incluso a perder su empleo, sin mencionar los niveles elevados de cansancio, ansiedad y estrés y el aumento de la violencia doméstica a causa del confinamiento.

Empleo y pandemia

Datos del Instituto de Previsión Social (IPS) muestran que de una Población Económicamente Activa Ocupada (3.291.091 personas), un total de 1.578.905 están obligadas a ingresar como asegurados de la previsional. Sin embargo, solo el 44,1% de esta población o 697.756 personas figuran dentro del sistema.

En el desagregado de la población protegida se observa en la franja etaria de adulto y adulto joven, que las mujeres se encuentran más desprotegidas que los hombres, lo que da una clara tendencia y diferencia del nivel de desprotección entre ambos géneros.

Del total de la población protegida, que incluye a titulares y sus beneficiarios (1.451.531 personas), los hombres representan el 29,5%, es decir, 429.406 personas, mientras que las mujeres, el 26,9% o la cantidad de 391.383.

Informaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran las brechas en el desagregado por área. En las zonas urbanas, la diferencia entre hombres y mujeres ocupados que aportan a una caja de jubilaciones se ubica en 0,64% y en las rurales llega al 1,97%. Esto revela la arraigada estructura de vida de las familias del campo.

El capital humano femenino ha venido aumentando en los últimos años, pero no se condice a las oportunidades e ingresos que recibe este grupo con respecto a los hombres.

Conforme a los últimos datos del INE, las mujeres se destacan porque estudiaron 0,5 años más que los hombres. Al desagregar por categorías ocupacionales, en el sector público, las mujeres tienen más de 1,2 años de estudio que sus pares masculinos y en el sector privado, la diferencia es de 2,2 años más. Mientras que, para los trabajadores independientes, las mujeres empleadoras estudian 2,3 años más que los varones y las trabajadoras por cuenta propia 0,5 años. Sin embargo, para las categorías de trabajador familiar no remunerado y empleado doméstico, las mujeres demuestran menores años de estudio a la hora de ocupar estas categorías.

Remuneraciones

Como ya se mencionaba, las categorías ocupacionales no se ven reflejadas en las remuneraciones que perciben las mujeres. Hasta el año 2019, percibían 600.000 guaraníes menos de ingresos mensuales en comparación a los hombres. Dentro del sector público, la brecha rondó los 643.000 guaraníes mientras que, en el sector privado, la diferencia llegó a los 120.000 guaraníes. La mayor brecha se observó en los trabajadores independientes con una diferencia de 900.000 guaraníes. Por último, las empleadas domésticas también tenían un rezago de aproximadamente unos 236.000 guaraníes.

Con la llegada de la pandemia, las desigualdades se han profundizado. Incluso en los niveles de desempleo y reapertura económica, donde las mujeres fueron y siguen siendo las más afectadas.

La tasa de desocupación femenina pasó de 8,8% entre los meses de abril y junio de 2020 a 11,5% al tercer trimestre y se redujo levemente a 10,2% al cuarto trimestre del mismo periodo, es decir, de octubre a diciembre. Esto significó que alrededor de unas 41.231 mujeres continuaron fuera del mercado laboral a causa de la crisis sanitaria por covid-19 (segundo a cuarto trimestre), alcanzando a 161.327 desocupadas en el todo el territorio nacional. En tanto que la tasa de desempleo masculino pasó de 6,7% a 5,8% entre el segundo y tercer trimestre de 2020 y se redujo a 4,9% en el cuarto trimestre. Es decir, unos 16.959 hombres se reincorporaron al circuito del trabajo frente a las 10.836 mujeres que también lo hicieron entre el tercer y cuarto trimestre. Si al segundo trimestre existieron 136.786 hombres sin empleo, al cuarto trimestre de 2020 la cantidad se redujo a 105.575 desempleados.

Complicado escenario

Estos datos reconfirman el complicado escenario generado para las mujeres tras desatarse la pandemia. Muchas de ellas ya excluidas laboralmente y otras se vieron obligadas a sacrificar sus empleos por el cuidado en el hogar. La educación a distancia de los hijos ha sido uno de los principales motivos para el cambio del ritmo de vida de las mujeres en Paraguay y en gran parte del mundo.

En palabras de Francisco Ruiz Díaz, secretario ejecutivo del Comité Nacional de Inclusión Financiera, una posible solución para recuperar los ingresos es la conversión a independiente (cuenta propismo). Para eso se debe promover la inclusión y educación financiera de las mujeres. “En Paraguay, las mujeres tienen 7% menos de probabilidad que los hombres a acceder a servicios financieros”, expresó.

La salida de las mujeres del mercado laboral y el retraso que ello representa en materia de seguridad social debe ser un tema abordado con suma urgencia por los gobiernos. Esto, al considerar el impacto a mediano y largo plazo que significará para los países y las cuentas públicas los años perdidos de una importante fuerza laboral como es el de las mujeres.

Para mitigar estas consecuencias y en la misma línea propositiva del BID, es necesario incorporar activamente la dimensión de género en las estrategias de respuesta ante la pandemia, lo que requiere destinar recursos suficientes para responder a las necesidades específicas de las mujeres.

Dentro del mercado laboral, también se configura como un desafío que las políticas de reactivación económica incluyan proactivamente a las mujeres, y que los empleadores establezcan medidas específicas destinadas a atender esta situación particular (como conceder horarios flexibles a las madres trabajadoras, respetar un tiempo de desconexión y conceder extensiones para los proyectos).

Solo con acciones similares se podrá nuevamente achicar la brecha laboral, permitiendo que más mujeres accedan al empleo formal y con los beneficios que ello traiga, ya sea durante esta etapa de alta incertidumbre o posterior a la pandemia.

*Pese a que varios países latinoamericanos y caribeños lograron la paridad en la atención de salud y en el acceso a la educación, el denominador común en toda la región sigue siendo la desigualdad salarial, la participación política y económica del género femenino.

*En el Índice Global de Brecha de Género 2020, Paraguay ocupa el puesto 100 a nivel mundial y 23 en la región en paridad de género. Lo que ubica al país después de Argentina (Puesto 7) y Brasil (Puesto 22), logrando escalar así cuatro lugares con relación a 2018.

*A nivel local, las categorías ocupacionales no se ven reflejadas en las remuneraciones que perciben las mujeres. Hasta el 2019, percibían G. 600.000 menos de ingresos mensuales en comparación a los hombres. Dentro del sector público, la brecha rondó G. 643.000 mientras que en el sector privado llegó a G. 120.000.

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