Pequeñas centrales hidroeléctricas, una oportunidad única para el país

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En el Suplemento Económico de este diario fue publicado el 22 de febrero pasado un artículo titulado “La represa hidroeléctrica Ypané. Un proyecto innecesario a corto plazo”, firmado por el licenciado Julio Benítez Sosa, sobre el cual desearía realizar algunas consideraciones, como uno de los varios impulsores de esta riqueza del Paraguay. Se alega en el artículo que: 1) Con base en la disponibilidad del SIN y la demanda nacional, nos encontramos ante un exceso de oferta. 2) Que por el subdesarrollo solo podemos exportar nuestros excedentes a precio de costo. 3) Que los planificadores del SIN son miopes. 4) Que en caso que sea construida la Pequeña Central Hidroeléctrica (PCH) del río Ypané, solo incrementaremos la superoferta de energía y 5) Remata cuestionando a quien beneficia la superoferta, incluso aduciendo que es un negociado.

Respetando la libertad de expresión del autor, las premisas en las cuales se sustentan las mismas carecen del sustento y rigor técnico con el cual busca embanderarse el artículo, más bien se genera una distorsión del tema central (disponibilidad de energía eléctrica, planificación energética y sustentabilidad), cuyas consecuencias serían nefastas para el Paraguay en caso que las políticas públicas sigan el derrotero sugerido.

En efecto, si bien aparentemente Paraguay goza actualmente de disponibilidad de energía en el orden de 5.400 megavatios (el doble del consumo actual), sería una falacia o un espejismo, y tremendo error, no solo de planificación, sino también de geopolítica, pensar que esa situación se mantendrá incluso en el mediano plazo, teniendo en cuenta que la demanda vegetativa está en torno al 8% en los últimos cinco años, equivalente, en términos de generación, a la necesidad de construcción de una central hidroeléctrica de Acaray por año, lo cual no es fácil de realizar en las condiciones actuales y que se debe tener en mente, por lo que sigue a continuación.

Está ampliamente difundido en las esferas técnicas del mismo Estado y del ámbito académico el estudio realizado por la prestigiosa Fundación Bariloche, que la capacidad de generación del Paraguay estará inexorablemente agotada para el año 2030 (en el mejor de los casos). Y si el crecimiento económico es mayor, se prevén otros dos escenarios: uno intermedio para el año 2025, con la instalación de un polo industrial o electrointensivo de envergadura, e incluso una tercera “hipótesis optimista” para el año 2023, en caso de existir adicionales emprendimientos industriales de importancia.

Técnicamente tenemos una brecha temporal de 10 años para hacer algo al respecto, ya que, como se sabe, cualquier obra de generación tiene una proyección mínima de cinco a siete años. Tal es así que en sendos artículos de este mismo periódico ya se dieron los primeros signos de alarma por el propio presidente de la ANDE y un reconocido técnico del sector y expresidente de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), e incluso últimamente con una ponencia en el “XI Seminario del Sector Eléctrico Paraguayo”.

Cabe destacar, además, que en todas estas hipótesis se asume el funcionamiento de los proyectos Corpus, Itá Corá y Aña Cua, muchos de ellos con décadas en los planos y algunos incluso con obstáculos legales, mientras que todos probablemente enfrentarán dura oposición por motivos ambientales y sociales, por lo que los plazos del agotamiento podrían ser menores, de no contarse con dichas fuentes de envergadura.

Por ello es que nos llama poderosamente la atención que un profesional, actualmente trabajando en la entidad binacional Itaipú, desconozca, no tenga en cuenta o eventualmente no advierta igualmente al lector de esta contingencia, que constituye una premisa tan básica en materia de planificación energética, por lo que si dentro de este periodo de Gobierno no actuara en consecuencia, volveríamos a repetir como país el mismo error acaecido con el retraso de la construcción de la línea de 500 kV a Villa Hayes, que aún a sabiendas de su necesidad una década antes, tuvo sobre el umbral del “apagón” o “black out” a un país con semejante disponibilidad energética.

Bastaría este solo argumento, basado en datos proporcionados por fuentes del sector –que por cierto desmitifica la otrora creencia popular de la energía hidroeléctrica inagotable del Paraguay– para agotar el espacio destinado a rebatir las descalificaciones del artículo citado, pero entendemos que vale la pena ahondar en los demás argumentos para que el lector comprenda la necesidad imperativa y las ventajas de aprovechar este patrimonio hoy desperdiciado que son las energías renovables.

El segundo argumento mencionaba que, por el subdesarrollo solo podemos exportar nuestros excedentes a precio de costo. Justamente en este punto es donde la generación eléctrica 100% nacional juega un papel preponderante en el corto y mediano plazo. Contrariamente al uso peyorativo de la palabra “subdesarrollo”, más bien somos un país en franco desarrollo, donde los polos industriales y lógicamente de uso de energía se han diversificado, surgiendo otros centros de gran demanda que rebasa la capacidad actual, como Salto del Guairá, Concepción, Hernandarias, Chaco Central y departamento Central; además de ciudades puntuales con problemas de transmisión en las líneas de 220 kV.

Uno de los atributos de las energías renovables, y para suerte del país, las PCH es su carácter descentralizado, por lo tanto no necesita depender de una línea de transmisión que debe servir a más de 500 a 800 kms del punto de generación, con los consiguientes gastos de infraestructura, mantenimiento, confiabilidad y pérdidas del sistema que ello conlleva.

Si se realizara un estudio de las tarifas en el punto de nodo, se reflejarían las distorsiones que las condiciones actuales del SIN ocultan. Esto, a su vez, dispara una sinergia local, ya que acarrea la instalación de parques industriales y manejo de cuencas que posibilitan proyectos de turismo, piscicultura, arrozales, horticultura, etc., con impacto directo en las poblaciones más aisladas de las grandes ciudades. Existe abundante literatura en internet y muchísimas experiencias en el brasil para extendernos en ello.

Recordamos que el proyecto Ypané se encuentra en plena zona del grupo criminal autodenominado EPP, con poca presencia del Estado e infraestructura para el desarrollo y, de hecho, no es dable pensar en industrias, dado que esa zona del país tiene déficit críticos en transmisión y distribución, lo cual con este tipo de emprendimientos no solo sería subsanado, sino sería la única posibilidad de generar industrias y empleos, a través del uso de su energía.

Otro de los atributos es que efectivamente esta PCH engrosará la oferta nacional, pero al contrario de la energía binacional, esta no está regida por tratados, por lo tanto, es factible de ser vendida a precio de mercado en los mercados mayoristas de otros países, por lo que en los hechos y de derecho la generación de energía, a través de las PCH y demás fuentes renovables, es la única posibilidad de hacer realidad la tan mentada “soberanía energética”.

Por medio de esta estrategia se puede utilizar la energía de las binacionales para el desarrollo nacional y revender la energía paraguaya a un mayor costo al exterior, generando así un círculo virtuoso que genere el incentivo para otros proyectos de energías renovables, que diversificó la matriz energética, en una estrategia muy similar a lo que hace Chile, con la compra de carne paraguaya y la venta de la producción local a mercados de exportación.

También en internet existe profusa información sobre los déficit energéticos de todos nuestros vecinos y el Cono Sur, sea por la falta de inversión en argentina, la sequía con la falta de agua en los embalses en el Brasil, la falta de capacidad de generación en Uruguay y Chile y las posibilidades de intercambio con Bolivia, por lo que Paraguay inexorablemente está llamado a ser el eje de la integración regional energética, por su posición geográfica, su disponibilidad y potencial energético, para lo cual se debe preparar con infraestructura y nuevos proyectos.

No nos cansaremos de repetir que la actual exportación de excedentes es un espejismo, porque nuestro país cada año consume más energía, porque cada año irá disminuyendo lo que recibe el Fonacide del Brasil hasta agotarlo en los umbrales citados, desapareciendo dicha renta y porque debemos invertir los recursos generados de dicha fuente al igual que los países petroleros del golfo en descubrir “nuevos pozos” de energía que, a su vez, puedan mantener la renta cuando se agoten las fuentes originales.

Siguiendo la hipótesis del artículo de marras, si no invertimos en este proyecto –y cualquier otro que se presente– finalmente se agotará nuestra actual fuente y nos pondremos a explorar “pozos” recién cuando lleguemos al límite de nuestra capacidad de generación y tengamos que pagar por energía de fuente fósil o extranjera por un precio altísimo e impredecible; no veo que nadie se rasgue las vestiduras por el costo de US$ 300 MW por quemar diésel para abastecer a Salto del Guairá, a menos que sea de energía nuclear o gas, hoy día totalmente fuera de cualquier planificación.

Por ello es que uno se pregunta si los llamados “asesores 3NI”, que “Ni planifican, Ni trabajan para el progreso nacional y NI tienen la más pálida idea de lo que es política pública”, realmente son aquellos que escriben en oficinas con aires acondicionados que nunca han visitado, por ejemplo, el río Ypané para conocer el potencial del recurso y la zona, y así conocer de paso la esperanza que despierta en la gente un proyecto como este, con cómodos salarios públicos sin arriesgar capital propio, donde cualquier cambio de coyuntura disminuye la dependencia de esto que es un Estado dentro de otro Estado, y donde desconocen los proyectos realizados en la materia por la propia Fundación PTI como el Atlas del Potencial Hidroenergético del Paraguay, ya que ¿cuál sería el sentido de gastar fondos en algo que no es necesario ahora mismo?

En cierto sentido, varios actores del sector privado, al impulsar y promocionar las energías renovables, hemos tenido que suplir las veces del sector público, que ahora parece estar saliendo de su letargo, más bien como reacción a las demandas de acción de los solicitantes de proyectos, al amparo de la Ley 3009/2006, que es el marco jurídico que rige el sector con base en la modalidad Project Finance, por el cual el inversionista financia y construye totalmente la obra y la devuelve a la ANDE al final del período, que además prevé licitaciones internacionales para este tipo de emprendimientos, similar a la actual Ley 5074.

En algo donde sí reconozco que existe coincidencia es la prioridad de la creación del Ministerio de Energía y Minas, ya que de existir una institución rectora, con poder de decisión, no tendría lugar este tipo de intercambios; además de planificar y asegurar los recursos para las inversiones en transmisión y distribución, igualmente necesarias a las aquí discutidas en generación.

Coincido también en cuidar las cuencas y microcuencas, lo cual ocurrirá justamente con este tipo de emprendimientos, donde el inversionista cuida la fuente de generación del recurso, hoy al menos en relación al río Ypané, donde el agua corre sin ningún provecho para nadie, dominado por el narcotráfico y el terrorismo, justamente por el abandono histórico del Estado a dicha región, con la falta de infraestructura y oportunidades que permitan soñar con un futuro mejor.

Mientras sigamos cómodamente sentados criticando obras que deben ser realizadas, seguiremos postergando no solamente un futuro mejor para las futuras generaciones, sino también restringiendo aún más nuestra soberanía nacional. Parecería ser que de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda vaticinar por los medios un futuro catastrófico para ganar un espacio personal, y son estos los que quieren llevar al Paraguay a paso de cangrejo. Tenemos los recursos naturales, la coyuntura internacional, la disponibilidad financiera y la necesidad regional, no podemos seguir perdiendo el tren del desarrollo.

MITO

La realidad actual y las diversas advertencias técnicas desmitifican la otrora creencia popular de que la energía hidroeléctrica del Paraguay es inagotable

*Impulsor de la PCH en el río Ypané.