"Tras tantos años, cambiar cuesta más"

Este artículo tiene 12 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Dejó 28 años de trabajo en la Esso Standard, de la que fue gerente general para Paraguay, y decidió dedicarse a la filantropía, a un negocio gastronómico familiar, para luego volver nuevamente a una multinacional, pero esta vez de comida rápida.

En 2003, Alejandro Conti llegó con su familia a Paraguay para desempeñarse como gerente general de una de las multinacionales más importantes en el rubro de combustible: la Esso Standard. Casado, con tres hijos, el ingeniero industrial con máster en Economía y Administración de Empresas se asentó en el país tras haber ocupado cargos importantes en la compañía en Argentina, su país de origen, y Honduras.

Luego de 28 años de trabajo en la firma, Conti decidió retirarse para dedicarse a otros asuntos. “Fue una decisión propia. Podía seguir en la Esso aún, pero tenía ganas de nuevos desafíos y sentí que era el momento. Mi familia todavía no me lo perdona, porque es mucho más fácil estar en esas empresas grandes, en las que uno tiene todo seguro, que salir a hacer cosas nuevas”, admite.

A finales de 2009, se retiró y se involucró fuertemente en la Fundación Operación Sonrisa, que opera a niños con labio leporino o paladar hendido. Justamente fue Conti quien inició la institución en el país, en 2005, con un grupo de amigos, y durante dos años fue su vicepresidente para América Latina y El Caribe desde Paraguay.

El empresario destacó siempre haber tenido aires de emprendedor, dentro de la compañía y fuera de ella. Por eso salió a desarrollar un negocio gastronómico. Es así como Conti con su esposa, Margarita Torchia, trajo al país la franquicia del restaurante estadounidense TGI Friday, que abrió en marzo de 2009. “Tras tantos años, a uno le cuesta más cambiar que cuando es joven, porque de joven no tenés tantas ataduras económicas. Uno se acostumbra a las cosas que te dan las compañías, y el día que decidí salir me preparé mentalmente, preparé alternativas; una de esas, el negocio que mi esposa lleva adelante”, relata.

Tras un par de años en la fundación, Conti también renunció a su posición en octubre de 2011 para ayudar nuevamente a su compañera de vida y negocios a armar el segundo restaurante de TGI Friday en Paraguay, ubicado en el centro capitalino.

Para él, desde su trabajo en el sector gastronómico como lo hizo en el de combustible, sigue “alimentando algo”. “Antes el auto, ahora el estómago”, dice. Añade que cuando se enseña a manejar empresas, el rubro es indiferente porque finalmente se manejan grupos humanos, arma proyectos y los desarrolla, organiza equipos, está preparado para todo eso. “Tuve la suerte de trabajar en una empresa que es una universidad a nivel mundial, porque tiene manuales y procedimientos para todo y hace que uno vaya aprendiendo a afrontar cualquier tema, a tomar decisiones, da lo mismo el rubro”, reitera. Siempre le gustó el segmento de las comidas y recuerda que en las estaciones de servicios también están los shop –tiendas de conveniencia–, en los que siempre se involucró. “Es muy parecido porque manejás mucha gente, horario extendido, al igual que en una estación de servicio, y son chicos de las mismas edades”, comenta. Tanto es así que, desde abril de 2012, comenzó a trabajar en el Grupo Vierci en el área de fast food, específicamente en Burger King.

Además de seguir ayudando a su esposa en el negocio, Conti disfruta con gente, por lo que valora su labor más reciente en la cadena de comida rápida. “La oportunidad apareció medio de casualidad y me encantó; tengo empatía en la empresa donde estoy trabajando porque se focaliza en la gente. Se trabaja mucho para dar fuentes de empleo y atender bien a los clientes”, puntualiza.

Entre tantos cambios y decisiones, los Conti-Torchia también tuvieron que definir en qué país vivirían, lo cual no fue difícil, según el entrevistado. “Se habla mucho de que somos un país pobre, es verdad, pero está también lleno de oportunidades; en pocos lugares hay tanta oportunidad”, apunta. Agrega a su listado de motivos la estabilidad económica y política. “Ves países de la región muy lindos y grandes, pero con problemas terribles. Acá también los hay, pero tenemos más posibilidades de solucionarlos”, expresa.

Otro aspecto influyente fueron sus hijos de 20, 22 y 24 años, que vivieron toda su adolescencia en Paraguay y tienen a todos sus amigos acá.

El ingeniero es también el actual presidente de la Cámara de Comercio Paraguayo-Americana (AmCham) por el periodo 2012-2014 y director de la Fundación Operación Sonrisa, que ya lleva 1400 niños intervenidos, mientras se construye una clínica que será inaugurada en agosto para atender problemas craneofaciales de manera totalmente gratuita.

Conti y su familia están muy afincados en esta tierra guaraní y su emprendimiento sigue creciendo, tanto que hoy emplean a casi 150 personas. Además, señala que estas son inversiones grandes, pero que el cliente asunceno se lo merece y lo está retribuyendo con creces. Hay proyectos de expansión, aunque aún en papeles. Probablemente vayan a abrir uno más en Asunción, para luego desembarcar en el interior.

silvana.bogarin@abc.com.py