Facu: Sabían que don Juancito se puso muy contento al verme, me pidió sentarme a su lado y que le lea algún libro de historia; le encantan las historias, especialmente sobre lo que ocurrió en la guerra.
Mamá: ¡Qué lindo, Facu! Él es muy simpático, aunque su vista ya es muy corta, sin embargo, enseguida se da cuenta cuando llegamos y ya se pone alegre y pregunta por todo, pero primero pregunta: «¿Y Facu vino?».
Papá: Más que las cosas que podamos llevarle, a él le interesa ese tiempo que vamos a pasar con él, me cuentan las personas que lo atienden, que él está pendiente siempre de la fecha en que solemos visitarles.
Facu: Él es muy especial también para mí, todos los abuelos lo son, pero don Juancito me adoptó como nieto y yo a él como abuelo. Y pensar que todo comenzó como una tarea de la catequesis: visitar a los ancianos. Desde entonces, nunca más dejamos de venir. ¿Será porque no solo nosotros les traemos algo, sino también por lo que ellos nos brindan?
Mamá: Estoy segura de que es así, también para nosotros el venir a pasar con ellos la mañana se convirtió en una necesidad, y salimos de aquí con mucha alegría y nuevas energías.
Papá: Es el sentido de la verdadera solidaridad, cuando las personas ayudan y sirven a otras que están pasando alguna necesidad real, entonces están reconociendo al otro su dignidad, su derecho a una vida digna y, de ese modo, que es justicia extenderle la mano, ayudarle.
Facu: En el colegio estuvimos hablando sobre la solidaridad. Existe, incluso, un Día Internacional de la Solidaridad, instaurado por la ONU, para recordar a todas las naciones de la Tierra sobre la importancia y necesidad de la solidaridad entre todos los pueblos.
Papá: Justo estuve leyendo sobre eso: la Organización de las Naciones Unidas estableció el 31 de agosto como Día Internacional de la Solidaridad, y había planteado que el siglo XXI tendría que tener a la solidaridad como uno de los valores fundamentales para las relaciones internacionales.
Mamá: Es que ser solidarios con las personas y países más necesitados no es solo una cuestión de buena voluntad, es la verdadera justicia que puede garantizar y sostener una paz duradera.
Facu: Entonces, es como bien dijiste, mami: la solidaridad bien entendida es un acto de verdadera justicia.
