¿Cómo enseñar ética hoy? ¡Vaya pregunta!, ¿no? Y no es simple retórica, para nada. Y tratar de hallar la respuesta es tan difícil como responder a la pregunta “¿Cómo educar a la sociedad?”.
La materia Formación Ética y Ciudadana trata de enseñar los mínimos principios éticos que una sociedad democrática necesita para convivir en paz y armonía con los valores más fundamentales. Y tiene dos funciones, no muy diferentes de las de cualquier otra asignatura que trate de transmitir un saber teórico. Una de ellas es dar a conocer las instituciones de un Estado de derecho, así como los derechos fundamentales y los principios constitucionales.
La práctica
Pero el quid de la cuestión está en la segunda función: enseñar a los alumnos a ser ciudadanos. ¡Vaya! ¿Cómo? Con el ejemplo, porque si la primera función es teórica, la segunda es práctica. Sí, así mismo. Es un saber hacer que se aprende, sobre todo, a través del ejemplo y de la actividad cotidiana. A esa sabiduría se refería Aristóteles cuando explicaba que la fuente de aprendizaje de la ética es, sobre todo, la experiencia.
El rol de los adultos
Y es aquí en que los adultos, padres, maestros y otros referentes de la sociedad, cumplen un rol muy importante, a través del ejemplo, de la práctica de buenos hábitos. Y aquí el concepto de hábito no se puede sustituir, porque es a través de buenos hábitos, de la comprensión y repetición de acciones que favorezcan la convivencia y el rechazo de las que no lo son, como los jóvenes adquieren actitudes éticas que se requieren para ser un buen hijo, hermano, amigo, compañero; un buen ciudadano.
Los valores
Si la solidaridad, la tolerancia, la honestidad, el respeto son virtudes esenciales para el ejercicio de la ciudadanía, poco es lo que se puede lograr si los adultos nos limitamos a hablar y no enseñamos con el ejemplo, con la práctica de esos valores. La teoría ayuda a explicar el concepto, pero sin la práctica, es letra muerta.
No solo una materia más
Por ello, Formación Ética y Ciudadana no puede ser solo una asignatura, sino el objetivo del proyecto educativo como un todo, que abarque todas las demás del currículo. Asimismo, insistimos, a su vez, que implica no solo a la escuela, la familia, la sociedad, sino sobre todo, a los medios de comunicación, especialmente, la televisión. Y no basta el “saber qué” y el “saber cómo”, que enseña la materia; también hay otro requisito imprescindible para que prospere: hay que creer en ella y que su importancia no es menor que las otras materias.
La Formación Ética y Ciudadana responde a lo que prescribe la Constitución Nacional, según la cual uno de los objetivos de la educación es “Artículo 73º (…) el desarrollo pleno de la personalidad humana y la promoción de la libertad y la paz, la justicia social, la solidaridad, la cooperación y la integración de los pueblos; el respeto a los derechos humanos y los principios democráticos (…)”.
