La tradición literaria

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Los pueblos primitivos abundan en textos narrativos que ilustran los hechos y seres que constituyen su esencia. En este contexto, surge la tradición literaria que rescata el saber popular y lo inserta en el patrimonio cultural del pueblo como una manera más de imprimir las huellas que convertirán en inmortal a ese grupo humano.

 

Pasan por este proceso las costumbres, las formas propias de la vida de la región, las creencias populares, los ritos y los usos de un pasado cercano o remoto, pero no del tiempo en que vive el autor, quien aborda un asunto determinado presentándolo como riqueza cultural desarrollada en forma amena y sencilla. También describe tanto las modas como las manifestaciones sociales y culturales no contemporáneas a la época en que le cupo vivir.

Como ejemplo de una tradición paraguaya te ofrecemos esta interesante narración tomada del libro de Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, Un noviazgo del tiempo viejo.

Días después, los esposos y su hijo Plácido se reunieron en el salón.  La madre sentada en el estrado, en amplio sillón abacial, el mismo que lejanos abuelos habían ocupado presidiendo las tertulias y consejos del hogar; en sus manos una labor que no dejaban de proseguir los dedos ágiles y finos, mientras con voz sosegada conversaba.

El padre se paseaba lenta y gravemente. Por un postigo abierto entraba discretamente la luz de la calle.

Habló la madre:

—Plácido, hemos decidido hablarte de un asunto muy serio. Eres ya un hombre, como que pronto cumplirás veinte años, y es tiempo de que tomes estado.

El padre interrumpió el paseo y se puso junto a su esposa, apoyando un brazo en el labrado respaldo del sillón.

—Sí, hijo mío —dijo a su vez—, queremos casarte y ya te tenemos novia.

Una ola de rubor encendió el rostro del mozo.

—Haré la voluntad de Uds. –se limitó a decir.

—Harto lo sabemos, que para eso te dimos cristiana crianza —dijo la madre—, pero nos holgaríamos mucho de que nuestra voluntad fuera pareja con la tuya. ¿No hay alguna niña de las familias amigas que prefieras?

—No he pensado en eso, madre, pero diré a usted que, puesto a elegir, Lolita me gustaría mucho…

Los esposos se miraron sonrientes.

La elección del mozo les llenaba de contento. En Lolita, precisamente, no pensaron ellos, porque era muy jovencita la niña, pero sí en una hija* cualquiera de sus compadres Jovellanos.

—¡Loado sea Dios! Mucho nos complace tu elección, Plácido, por concordar con nuestro gusto; esta noche irá tu padre a pedir la mano de Lolita para ti.

Vestido de gran ceremonia salió al toque de ánimas de su casa mi bisabuelo y precedido por un esclavo que le alumbrara el camino dirigióse a casa de Jovellanos, muy cerca de la suya, donde ya le aguardaban con conocimiento del objeto de su visita. Reunida estaba toda la familia en el salón lleno de luz.

Las niñas formaban un grupo aparte, menos una, que jugaba con una muñeca debajo de la gran mesa dorada emplazada en el centro del salón.

—Pues ya sabéis —dijo después de un momento el visitante— el objeto de mi visita. Plácido está en edad de tomar estado y queremos su madre y yo que lo haga cual corresponde a su condición. Felizmente su voluntad y la nuestra se hermanan en una elección que nos colma de contento. Una de vuestras hijas es la elegida.

Las niñas del grupo, todas casaderas ya, se miraron unas a otras, cuchichearon dándose recíprocamente bromas, cambiaron de color varias veces y acabaron por sumirse en un pudoroso silencio, con los ojos clavados en el suelo. Debajo de la mesa, sobre la alfombra, la pequeñita seguía jugando con su muñeca, sustraída por el encanto del juego a lo que en torno suyo se decía.

—Pues tú dirás, compadre, cuál es la novia…

—A pediros la mano de Dolores he venido…

—¿Dolores? Niña en demasía es aún; acaba de cumplir trece años y ahí la tienes entretenida con su muñeca mientras tú la reclamas para tan grave destino.

 —¿Qué queréis? A nosotros cualquiera de vuestras hijas nos agradaría, pero a Plácido le ha enamorado la pequeña y esa ha de ser si no os oponéis…

 —Oponernos, no, y ya está concedida la mano.

Actividades de expresión escrita y oral

* Investiga el exacto significado de las palabras desconocidas y anótalas en tu cuaderno.

* Busca información acerca de las otras formas narrativas que explican hechos y seres de origen regional y establece las semejanzas y diferencias entre las distintas clases. Lee ejemplos de cada una de ellas como el mito, la leyenda, etcétera.

* Conversa con tus compañeros acerca de las costumbres de la época en el marco socio-histórico, político y cultural que envuelve al relato.

* Establece la similitud oportuna con los usos actuales que se identifican en situaciones paralelas a la presentada por esta historia.

* Concluye acerca de la manera de expresarse los personajes de la lectura practicada.