¡Tengo miedo!

Este artículo tiene 15 años de antigüedad

Todas las personas tenemos ocasionalmente miedos. Durante el periodo preescolar, los niños adquieren una gran cantidad de temores y prácticamente no hay niño que no nos los presenten.

Temores en los escolares

Se considera normal que un escolar los tenga. Lo que puede ser anormal es la intensidad, la cantidad de ellos y la forma en que pueden limitar la vida diaria.

Por eso, cuando la actividad normal diaria de un niño se ve interferida por sus temores, es aconsejable que los padres se preocupen y tomen las medidas para ayudarlos a superarlos. Por ejemplo si un niño tiene temor a estar con otros niños, es una emoción que le impedirá desarrollar sus habilidades sociales y es necesario ayudarlo a perder este miedo porque es muy desadaptable.

En cambio, si el niño tiene miedo a los hipopótamos y no quiere pasar por la jaula en la que están en el zoológico, es un temor sin importancia y es preferible pasarlo por alto.

Cómo ayudarlos a vencer sus temores

La primera regla es que ningún temor se mejora evitando la situación temida, ya que el niño sigue imaginando la situación pensando que le van a suceder cosas horribles.

Así, si un niño le teme a los perros y ni sale a la calle para no verlos, el miedo a ellos no se le quitará por no verlos.

La técnica para enfrentarlos es ir superando paulatinamente la situación crítica. Por ejemplo, frente a este miedo a los perros, puede ver primero fotos de perros, de diferentes razas y tamaños, después jugar con perros de juguete. Más adelante, puede acercarse a algún perro pequeño que tenga alguna persona adulta, a la que tenga confianza, y estar con el hasta que pierda el temor.

Posteriormente, se le puede poner en contacto con otros perros mansos y de tamaño moderado que estén amarrados para que pueda acercarse a hacerles cariño en compañía de un adulto.

Se trata de lograr en forma paulatina que el niño entre en contacto con la situación temida, acompañado de una persona que lo haga sentir seguro y tranquilo.

No se puede esperar que el niño pierda el temor de un día para otro; es necesario ser muy constante para que a diario tenga contacto con la situación temida.

Siempre que sea posible, es importante averiguar las causas del miedo. A veces los padres pueden encontrarse con sorpresas o bien con causas que pueden ser fácilmente solucionables. Por ejemplo, muchos preescolares tienen miedo de sentarse en el inodoro porque se sienten muy inestables sentados allí. Bastará con colocar unos artefactos especiales que reducen el tamaño del orificio del baño para que el temor desaparezca.

No siempre conocer las causas hace desaparecer el problema, pero ciertamente en algunos casos permite encontrar soluciones.

Por eso, es importante antes de presionarlos a enfrentar una situación temida, escuchar sus explicaciones en un clima de afecto y confianza, de tal manera que el niño no se asuste de relatar la verdad.