Un polémico artista australiano conocido en Europa con el nombre de Sterlac, tras una década de investigación, logró que por fin funcionara su “tercera oreja”, resultado de la combinación de robótica e investigación biomédica. Es el tercer ganador de la 23ª edición de Ars Electronica Prix en la categoría de Arte Híbrido.
Sterlac se caracterizó siempre por la manipulación de su cuerpo con la tecnología, pero este es, sin dudas, la más impactante. Se ha implantado en el brazo una oreja generada por cultivo de sus tejidos, que funciona como un receptor y emisor inalámbrico de audio.
“Además de la función de escucha remota, es decir, que desde cualquier parte del mundo es posible oír lo mismo que oye mi tercera oreja, más adelante crearé un sistema distribuido a través de Bluetooth, de modo que si alguien me llama al móvil yo le podré hablar a través de mi oreja”, asegura Sterlac, que se ha enfrentado a todo tipo de problemas médicos y legales para realizar el proyecto.
Con Ear on Arm, Sterlac lleva a las extremas consecuencias su filosofía creativa, según la cual las prótesis no sirven solo para suplir deficiencias, sino para incrementar y expandir las posibilidades del cuerpo humano.
Sus trabajos están basados en el desarrollo de él como hombre y la máquina. Cree que la biotecnología será la herramienta del futuro. Cree en el cambio de las partes de nuestro cuerpo por unas nuevas que sean mejores y más eficientes y crea una estrecha relación entre ambos, máquina y hombre, llevando las capacidades del hombre al límite.
Sterlac tiene una gran valoración por el cuerpo y más que todo con su propio ser. Todas sus obras son basadas en la modificación de él mismo para así lograr una especie de ser perfecto por las intervenciones que se provoca.
Su trabajo se desarrolla en la colectividad y por la complejidad de sus obras, en las que explora entre la máquina, el movimiento y la medicina, logra enlazar todas estas características para así crear obras polémicas como la alcanzada.
Sterlac está siempre presente “como el actor principal” llamando la atención con sus modificaciones corporales usándose el mismo como un lienzo sobre el que trabaja y expone sus obras. Por ser artista de performance su trabajo suele exponerse “in situ” y luego es presentado en forma de registro con fotografías, videos y maquetas que se adjuntan al desarrollo de su obra.
Al parecer, Sterlac trabaja sin una historia de fondo, simplemente refleja frialdad y vacío.
Consigue, eso sí, una reacción de impacto en el espectador, ya sea mediante el desagrado o el asombro. Se puede decir, incluso, que su búsqueda artística se centra más en el espectador que en la obra misma, debido a que existe una mayor investigación en la relación artista-público. La imagen que graba en la mente del espectador lo lleva a mundos futuristas y a tecnologías poco convencionales.
La muestra de este artista se puede apreciar como una especie de experimentación y estudio, en los que prueba, falla, modifica, etc. El conjunto de sus obras, en general, es atípico, tendiendo a presentarse como un libro de apuntes de ideas y experimentos registrados como si fuese un científico el que trabaja.
“El cuerpo es una arquitectura en evolución que opera y está atenta al mundo. Alterar su arquitectura es ajustarse a su conciencia...”, afirma el australiano. Tiene un concepto muy particular y sólido sobre el cuerpo, admira su perfección pero también el hecho de poder mejorarlo y modificarlo.
Sterlac juega en la estrecha línea del cambio natural del cuerpo y el cambio inducido, y así se va modificando.