El buen invitado

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“Te reciben según te presentas; te despiden según te comportas”, preconiza un adagio. Una persona de trato agradable y gentil será dueña de una vida social muy activa, pues muchos querrán su compañía.

Siempre nos inculcaron cómo ser un buen anfitrión, pero ¿cómo manejarnos del otro lado? La etiqueta de todo invitado que se precie nace cuando le entregan la invitación; desde entonces, seguirá las indicaciones de la tarjeta a rajatabla.

Las 10 reglas de oro del buen invitado

N.º 1. La invitación que aclara ser para dos es la única que permite ir acompañado. Llevar a alguien, aunque sea a un niño, y tropezar con resistencia en la entrada sería, además de vergonzoso, importuno para el anfitrión.

N.º 2. Contestar a la invitación de inmediato a la persona asignada para el efecto, cuyos datos –número telefónico o dirección de correo electrónico– indefectiblemente se signarán. Es de mal gusto aparecer habiéndonos excusado de ello. La conocida y poco observada sigla RSVP (del francés “Répondez s'il vous plaît”), significa “Responda, por favor”.

N.º 3. El arte de regalar se asista o no. Ante un matrimonio, se remite un presente a la residencia del novio o la novia. Se acostumbra que la pareja elabore la “lista de boda” en casas comerciales. Si no, se averiguan sus preferencias y necesidades. Eso sí: se obsequia priorizando el gusto de los agasajados; no el propio.

N.º 4. La puntualidad es uno de los pilares de la buena educación e imagen personal. Aunque se admite un retraso de 15 min, hay que salir mucho antes del horario fijado, amén de avisar de alguna eventual demora. En contrapartida, es descortés llegar temprano; el anfitrión podría no estar listo.

N.º 5. El código de vestimenta para un evento –familiar, laboral o de gala– impone acudir acorde con la ocasión y es también un signo de respeto. Las invitaciones suelen definir la tenida, pero una elegante ya es un inicio.

N.º 6. El comportamiento y la desenvoltura natural, ante todo. Las grandilocuencias ridiculizan. Además, es de rigor honrar los silencios de una ceremonia –esto es, entre otras pautas, apagar el celular–, cuidar los modos en la mesa y mostrarse sociables, entablar charla con quienes nos sean presentados evitando esos silencios incómodos. La presencia o ausencia de modales motivan o excluyen “una próxima vez”.

N.º 7. La comida y bebida con apropiado empleo de los cubiertos y, por exquisito que sea el bufé, se lo servirá con mesura –dejar la mitad en el plato aparentaría que no fue de agrado–. Se modera el consumo de alcohol para no dar pie a bochornos ni discusiones con gente pasada de copas. Y si uno mismo protagonizó tal situación, procurará disculparse al día siguiente.

N.º 8. La prudencia es clave al hablar y detectar señales. Política, religión, deportes, sexo o enfermedades no son debatibles en un entorno festivo ni es un acierto que vayan apagando las luces y sigamos bailando.

N.º 9. La despedida es básica y debe ser breve. “Irse a la francesa” es absolutamente improcedente. Si la fiesta es multitudinaria, al menos, se saluda a los anfitriones; si no, hay que despedirse individualmente. Es un detalle de cortesía agradecer las atenciones recibidas. Un “gracias” a los ojos, destacando el menú y el momento, alcanza.

N.º 10. Tras el festejo se llama, se envía flores o un correo con los rasgos más positivos de la reunión. Recuerda: “Lo mejor es salir de la vida como de una fiesta, ni sediento ni bebido”, Aristóteles.

Hasta la próxima entrega.

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