¡Aichejáranga el permiso’i, ya se tiene que ir otra vez!

Este artículo tiene 11 años de antigüedad

“Recuerdan esa vez que..., esperen un rato, me están llamando. Hola, amor; sí, ya voy. Hablamos los perros”. En cuestión de segundos lo que era una peña con los amigos se va desvaneciendo a medida que algunos se retiran porque se les acabó el free pass. Es gracioso cuando los muchachos exclaman que pueden hacer lo que quieren y son los primeros en ser tildados de permiso’i.

Motivo de burlas entre los amigos son aquellas personas que se pasan exclamado: “Yo soy el que manda en la relación y decido hasta qué hora farrear”. Unos minutos después le llega un mensaje de su novia: “Andate ya a tu casa, es muy tarde... ¡Isshhh!”. Los perros comienzan a murmurar frases como: “Uhhh”, “La patronal”, “La correa” y “Qué permiso’i sos”, acompañadas de muchas carcajadas.

La correa no siempre es larga para todos, pues en algún momento de la vida los perros son permiso’i. Cuando son adolescentes, la soga que tienen atada al cuello es sujetada por los padres, para luego pasar la piola a manos de la pareja. Es humillante estar en la posición de la persona que solo tiene free pass hasta cierta hora y lugar, más todavía si es que se enteran los amigos.

-“ Che viejo, estoy frente a tu casa, salí pues para irnos ya. -No me dieron permiso. -Ya sos grande para pedirle permiso a tu mamá. -Ella ya me dio; mi novia no quiere que les acompañe”, una situación común que atraviesa aquella persona a la que no dejaron salir porque metió la pata en su relación o por algún otro motivo y que posteriormente será tildada de permiso’i por los demás.

Es divertido reírse y burlarse del amigo cuando la patrona ya le está apurando para que regrese a casa o ni siquiera pudo salir. Pero así también hay que bancarse las bromas en caso de que los papeles se inviertan. Toda la muchachada negará rotundamente ser permiso’i, aunque lo sean, porque creen que es sinónimo de tener menos hombría.

Por Aristides Arámbulo (17 años)