Con el pasar de los años te das cuenta de que, si tenés sueños que querés que se cumplan, no basta desear con todas tus fuerzas que tus fantasías se vuelvan realidad. Es necesario que salgas al mundo y recorras un camino largo con el fin de sentir la satisfacción de decir al final: ¡lo logré!
Para que eso suceda, tenés que dejar tu zona de confort, abandonar las cosas que te hacen sentir seguro para que puedas vivir y experimentar cosas nuevas, aunque te equivoques en el camino. El miedo a fallar siempre está presente, pero no intentar es peor que haber fracasado; además, si después todo sale bien, el hecho de tomar riesgos trae sus recompensas.
Muchos se preguntarán por qué hay que salir de la segura zona de confort, pero si te permitís probar cosas diferentes y tomar unos cuántos riegos, vas a sentir una satisfacción genial al darte cuenta de que estás viviendo y no solo sobreviviendo. Lo que importa es lo que te hace feliz, ya que no estás en este mundo solo para ir a trabajar, ganar dinero y luego, simplemente, morir.
Si es que abandonás ese lugar que te hace sentir confiado, te vas a dar cuenta de tus limitaciones como persona y, a partir de allí, vas a poder mejorar para sobresalir cada vez más. Pensá en las cosas que te gustan y tratá de hacer aunque sea la mitad de ellas. Practicá algún deporte que te apasiona, pero que siempre lo dejaste de lado por una u otra excusa. No te preocupes si tenés miedo a que seas un desastre o se rían de vos; lo importante es que la pases bien.
Todos tienen sueños y piensan en ellos al acostarse, pero algunos deciden salir al mundo e ir en busca de sus objetivos. No existe un manual que te explique cómo hacerlo, eso ya depende de vos. El primer paso es que te decidas a transitar por lo desconocido, luego te darás cuenta de que es ahí donde encontrarás las mejores experiencias y, también, donde quizás puedas cumplir aquello en que reflexionás antes de quedarte dormido.
Por Gonzalo Recalde (19 años)