Estamos acostumbrados a ver a personas de avanzada edad en las calles, caminando bajo el sol y soportando el peso de canastas llenas de productos. Ellas venden de todo, desde frutas y verduras, hasta dulces y remedios yuyos. Algunas nos sorprenden, por la cantidad de cosas que llevan a cuestas.
Muchos adultos mayores de nuestro país se enfrentan a un panorama incierto, debido a la falta de seguro social y apoyo de parte de su propia familia, por lo que se ven obligados a trabajar en las calles. Los que tienen la "suerte" de ir a un hogar de ancianos, a pesar de contar con alimentos, sufren de carencias de afecto, medicinas y, además, las visitas de sus seres queridos son muy escasas.
La edad no viene sola, dice un refrán que, por lo general, se refiere a las enfermedades y las dificultades para movilizarse que surgen con los años; sin embargo, también llega acompañada del abandono. La poca existencia de políticas públicas que beneficien a los adultos mayores posiciona al Paraguay como uno de los peores países donde envejecer, ocupa el lugar 66 en el mundo y, en Sudamérica, solo es superado por Venezuela, según el Índice Global Observador de Edad 2014.
En China existe una ley que no solo establece que los hijos deben mantener a sus padres ancianos, sino que también los obliga a visitarlos con frecuencia. La misma señala, además, que las empresas deben dar vacaciones a los trabajadores para que puedan ver a sus progenitores. Tal vez si acá existiera esa norma, todos la utilizarían de pretexto para obtener ese descanso nomás.
El subsidio para adultos de la tercera edad llega a algunos pocos afortunados y, encima, es de tan solo G. 456.013. ¿Se puede vivir con eso? Además del cumplimiento de las leyes que favorecen a los ancianos, también necesitamos crear más conciencia, ya que abandonar a quien carece de medios para subsistir y privar de condiciones dignas a un familiar es inhumano.
Por Ana Lezcano (19 años)