“Se aprovechan de mi nobleza”

“¿Podés completar mi cuaderno, limpiar mi pieza y cocinarme la cena? Gracias”. Algunas personas se aprovechan del generoso como si fuese un sirviente. Muchas veces, el abusador por perezoso no quiere hacer sus deberes, entonces, llama a su “empleado” para que realice las tareas por él. Constantemente le está pidiendo favores con un agradecimiento al final de la frase, sin siquiera esperar una respuesta positiva o negativa del buenachón.

“Sí, sí, sí” es lo único que se escucha en la boca de los bondadosos, es algo muy común en ellos responder positivamente a todo lo que se les requiera. Los nobles pasan momentos incómodos en muchas ocasiones por culpa de los “vivos” que siempre están abusando de ellos.

Este personaje superamable no responde de manera negativa a los demás por temor a perder la amistad, ser rechazado o a que se enojen con él. Es por eso que dice sí a cualquier cosa que se le pida, por más que esté cansadísimo o tenga cosas que hacer.

Otra desventaja que existe para quienes tienen este comportamiento es que algunos se aprovechan de su nobleza. Por ejemplo: en una fila, las personas se ubican enfrente del “tonto”, porque saben que el bueno se quedará en silencio. En otras ocasiones, el abusador es injusto a la hora de la repartija de algún premio, ya que, guiado por su codicia, entrega la menor porción al que es tan generoso.

Un error del bondadoso es que a veces crea amistades falsas. Si además de ser muy cordial es experto en alguna materia o actividad, su lista de compadres crecerá constantemente. Sin embargo, muchos de sus “amis”, en realidad, solo están con él por interés. Siempre le solicitan favores, pero cuando él mismo pide que lo apoyen en algo, por arte de magia desaparecen sus “kapés”, sin importar la cantidad de veces que él los ayudó.

A pesar de que ser generoso tenga muchas desventajas, no tiene nada malo. Es cuestión de establecer límites: cumplir los favores siempre y cuando sea posible hacerlo, pues, algunas veces, hay que saber responder negativamente para no pecar de ingenuo.

Por Aristides Arámbulo (18 años)

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD