La implantación de un corazón artificial autónomo en un paciente, realizada por los profesores Christian Latrémouille y Daniel Duveau, representa una proeza médica, económica y tecnológica. Asocia así la investigación científica con la innovación industrial. “Francia puede sentirse orgullosa de esta excepcional acción al servicio del progreso humano”, ensalzó el presidente de la República, François Hollande.
El paciente, un hombre de 75 años, sufría insuficiencia cardiaca avanzada y estaba en situación de fin de vida. En un comunicado, la dirección del hospital indicaba después de la intervención que “el corazón artificial funciona normalmente y responde en modo totalmente automático a las necesidades del organismo… Además, la prótesis no ha necesitado ningún tratamiento inmunosupresor”.
En 1988, el cirujano Alain Carpentier había registrado, con la universidad Pierre y Marie Curie, la primera patente de corazón artificial bioprotético. Al cabo de veinticinco años de investigación, esta tecnología innovadora se concreta. Una bioprótesis, totalmente implantable, imita al corazón natural, con su adaptación al esfuerzo. Ya mundialmente famoso por haber inventado las válvulas biológicas (provenientes de tejidos animales) que permiten evitar los problemas de coagulación de las válvulas metálicas, el profesor Carpentier reanuda este enfoque con su corazón artificial. El corazón artificial garantiza al paciente solamente cinco años más de vida, según el informe.
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Agradecemos a la Embajada de Francia
