Antes de suministrar antipiréticos se aconseja el uso del termómetro a fin de conocer cuál es la temperatura exacta del pequeño. La doctora Alba Salinas López, pediatra, afirma que la fiebre es el aumento de la temperatura del cuerpo por encima de lo normal, estimula los mecanismos naturales de defensa del cuerpo ayudando así a combatir los gérmenes que causan las infecciones.
Indica también que “aunque los padres se asustan cuando el hijo tiene fiebre, esta en sí no es perjudicial y puede ser buena, por lo que no hay necesidad de apurarse en bajarla. Sin embargo, hay situaciones en que la fiebre hace que el niño esté muy molesto o corra riesgo de deshidratarse, e incluso presentar convulsiones. Se deberá tener especial cuidado con los niños que tienen antecedentes familiares de convulsión”.
Una de las formas en que la mamá se da cuenta de que su hijo tiene fiebre “es cuando siente su cuerpo caliente”, dice la profesional, “puede estar rojo, acalorado, decaído e irritable, y ante esta eventualidad es importante el uso del termómetro. Para saber la temperatura del niño se podrá recurrir a tres opciones, aunque todo dependerá también de la edad del pequeño, por ejemplo, en los recién nacidos y lactantes de tres meses, lo ideal es la temperatura rectal que nos brinda datos más precisos”, resalta.
Aconseja también que “en los niños de tres meses a cuatro años la toma puede ser rectal o con termómetro electrónico de oído, también la temperatura axilar, que es un método menos preciso en los más pequeños. Cuando el niño tiene más de 4 años la temperatura axilar o con el termómetro de oído es lo recomendable. No se aconseja tomar la temperatura en la boca porque es necesario que el niño mantenga el termómetro con la boca cerrada durante unos minutos, algo casi imposible en los pequeños. Si el niño es mayor de cuatro años y colabora, se podrá realizar”.
“Recuerde que el agua en sí no es un antipirético, pero se puede dar al niño un baño con agua templada, como también aplicar paños húmedos en la frente, generalmente entre 15 y 30 minutos, para ayudar al pequeño a sentirse mejor, durante el tiempo que sea necesario”, resalta.
La Dra. Alba menciona que nunca se usará agua fría porque produce escalofríos que aumentan la temperatura corporal. Se puede usar antipiréticos, ya sea en gotas o jarabe y los supositorios para los más pequeños, que vomitan los medicamentos ingeridos o los rechazan.
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