Orar en tiempos de redes sociales

Es recurrente que ante situaciones críticas, como las que vivimos actualmente con el coronavirus a nivel mundial, las personas se refugien en la oración, ante la imposibilidad de “remediar” los acontecimientos. Esto, desde un tiempo para acá, también se convirtió en un fenómeno que se aplica a las redes sociales: las personas rezan con fervor en publicaciones en las diferentes plataformas digitales, pese a que tradicionalmente se ha relacionado esta práctica a un momento íntimo entre el feligrés y el “ser superior”.

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En un minisondeo realizado a través de Facebook, se evidenció que las personas tienen distintos pareceres sobre la invocación a Dios en esos espacios que aún hoy en día juegan un rol importantísimo en la vida de las personas.

La cuestión fue: porqué publican oraciones/rezos en sus perfiles. Las respuestas fueron a favor de “orar” en redes y otras en contra. He aquí algunas opiniones:

“Está dicho que hay que orar en privado, entre 4 paredes, porqué se deben enterar los otros de lo que uno hace? Es lo que está en la biblia también”.

“La relación con Dios es personal.... la intimidad con Él es irremplazable y se hace en privado. Pero hay gente que pone pasajes bíblicos o deseos y que pueden motivar a otros”.

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“Para motivar a otros a conocer al único Dios, no podemos amar lo que no conocemos y Él es un Dios de amor. Además las redes se han convertido en iglesias virtuales, pasa que como se trata de Dios, la gente cuestiona. Él es omnipresente, omnisciente, está en todos lados. Mi relación es personal con Él, pero como es tan maravilloso, me gustaría que la gente lo conozca y goce de su protección”.

“Utilizo las redes compartiendo oraciones, alabanzas, pasajes bíblicos, para llegar a otras personas. Las redes ‘tienen poder y alcance’. Obviamente Dios no tiene Facebook pero es increíble cómo lo usa a través de sus instrumentos para llegar al que necesita cuando lo necesita”.

Le consultamos a la licenciada Beatriz Figueredo, psicóloga y docente católica, sobre el sentido de la oración en la vida de las personas. “El buscar un sentido a la vida misma, buscando comunicarse con el creador y fin último, que es Dios. Para otros la oración es un momento de encontrarse consigo mismo, un momento de reflexión a través de una oración espontánea que muestra su mismo interior, y para otros es un acto de piedad, quizás con oraciones repetidas pero con una profunda esperanza de conseguir lo peticionado, entre otros motivos”.

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No obstante, las formas tradicionales también continúan... El testimonio de Lucía es un ejemplo.

Lucía acude de lunes a viernes a la capilla del Perpetuo Socorro a la misma hora. A las 15:00. Los sábados lo hace pasado el mediodía. Es el momento en que puede salir a distenderse durante su jornada laboral y, luego de almorzar, se la ve en posición de genuflexión frente al “altísimo”, con la cabeza gacha; luego camina hacia uno de los asientos y permanece allí unos minutos. Al ser consultada, dice que es el prácticamente el único momento de paz que tiene durante el día y que eso la ayuda a seguir, considerando ciertas situaciones que atraviesa. También, agrega, le sirve como meditación. Ella cree en Dios y tiene fe en que Jesucristo y su madre, la Virgen María, no la abandonan. “Yo sé que nunca estoy sola”, expresa muy convencida.

Así como Lucía, miles de otras personas de nuestro país tienen costumbres y creencias similares. La mayoría por las mismas razones: la certeza de que existe un ser superior y la necesidad de creer en uno, aunque esto para muchos puede ser cuestionable.

Sin dudas, una prueba de que la fe es capaz de “revolucionar” es lo que ocurre cada año (en lo que a Paraguay se refiere) el 8 de diciembre, con la celebración en honor a la Virgen de Caacupé. Pero esto no sólo ocurre con el catolicismo. En nuestro país predominan las organizaciones cristianas que también demuestran en diferentes eventos el arrastre que tienen. Uno de ellos es la Maratón de Oración que se realiza anualmente. El año pasado fue en la Costanera, hasta donde llegaron personas de todas las edades y desde diferentes puntos para “alabar a Cristo”.

“Conectarse con Dios”, además de una explicación religiosa, también cobra sentido desde el punto de vista psicológico, de acuerdo a la profesional entrevistada: “Cuando uno recibe en consultorio personas creyentes da la posibilidad de incorporar dentro durante el proceso de la terapia la oración como parte del medio para llegar al objetivo, para el creyente la oración es una comunicación a través de la palabra y esto hace que al hablar de lo que le pasa y transmite lo que necesita hace que experimente una sensación de bienestar. En consultorio he visto casos de personas que han llegado con depresión, ansiedad o estrés, ya sea por pérdida de un ser querido o por situaciones traumáticas vividas, que pudieron superar esta situación con el proceso de terapia pero también esto acompañado de la oración”.

En referencia al efecto sobre la salud mental en sí, asegura que todo lo positivo genera un bienestar en la persona, y en este caso, confiar en un Dios amoroso y protector genera en la persona seguridad, consuelo, fortaleza, factores que debilitan los síntomas de ansiedad, estrés, por ende genera efectos positivos en la salud mental.

Menciona incluso investigaciones científicas como La oración, el apego a Dios y trastornos relacionados con la ansiedad entre los adultos estadounidenses, en que los resultados sugieren que es la creencia que tenemos sobre el carácter de Dios lo que determinaría el efecto de la oración sobre nuestra salud mental. “Otra investigación que puedo mencionar es la de el neurocientífico Andrew Newberg, del Hospital Thomas Jefferson, y Mark Robert Waldman, experto en comunicaciones, quienes dirigieron un estudio en el cual imágenes por resonancia magnética mostraron que existe poder en la oración o meditación, entre otras".

Pero, ¿qué es la oración?

Figueredo define a la oración como una comunicación más bien espiritual antes que religiosa. El reconocer que existe un ser superior y tener fe en él le da la posibilidad a la persona de reconocerse vulnerable. En este sentido, es importante identificar la individualidad, es decir, la influencia que esa oración pueda ejercer en la persona va depender de algunas variables como la personalidad (temperamento y carácter), la predisposición y el tipo de oración que esté realizando, sea esta de petición, de agradecimiento o de intercesión.

También conversamos con el pastor Pablo Sánchez, de la fundación “Jesús responde al mundo hoy”, para tener también la perspectiva de las organizaciones cristianas.

Sánchez define la oración como: “la forma que un ser humano puede comunicarse con Dios. En un sentido más específico, los cristianos somos hijos, entonces no solamente nos dirigimos a un Todopoderoso, un creador, sino también alguien que es cercano, que es íntimo, que es un padre. Esa categoría, la de ser hijos de un padre bueno, a quien hemos llegado a conocer por la obra de su hijo Jesucristo es lo que le da mayor sentido a la oración”.

A su criterio, en esta dimensión de la paternidad y de la condición de hijos es que la oración adquiere una dimensión notable, “que nos permite acercarnos a alguien que es íntimo, que conoce nuestras necesidades, pero más que eso quiere suplir nuestras necesidades porque es un padre bueno y amoroso”.

En cuanto al impacto de la oración en las personas, el pastor, oriundo de Chile, habla de su experiencia de varios años trabajando en nuestro país: “Hay gente que reconoce que el hecho de elevar una oración, un rezo, una necesidad, produce resultado positivo, pero eso es muy limitado”. Dice que “en realidad el que tiene el poder real es Dios y la promesa que el cristiano tiene, que se encuentra en la biblia, es que Dios responde a las oraciones de los suyos, aquellos de los que les son íntimos. Entonces cuando alguien está en la posición de hijos por creer a Jesucristo tiene acceso a la intimidad con Dios vía oración y tiene acceso a todo tipo de respuestas a sus necesidades”.

Y prosigue: “Lo que yo he visto en mi experiencia de décadas sirviendo a la comunidad, es eso, que las personas que se acercan a Dios en su categoría de hijos, viven una experiencia transformadora, de tranquilidad, de paz aún en medio de grandes dificultades, de seguridad, y que es alguien -que más allá de las circunstancias- vela por cada uno, y que al final, sin importar el resultado, es alguien que nos va a permitir llegar a la eternidad y disfrutar de todos los beneficios que él ofrece a la humanidad por medio de Jesucristo”.

En este punto, la licenciada Figueredo acota que las personas que oran de manera frecuente viven su religión con mayor fidelidad. Según dice, para muchos la oración es más un refugio que un acto de espera de una respuesta directa. Pero en este sentido, las características individuales son un factor a tener en cuenta; por ejemplo: las expectativas que se tiene. “Cuando uno ora a un Dios protector y que sabe lo que uno necesita, tiene la certeza de que lo que está pidiendo se le dará, si es lo que le conviene y en el tiempo que deba ser, en cierta manera hay una aceptación de la situación por la que está atravesando, aunque espere que ese pedido sea escuchado de manera rápida y exactamente como fue solicitado. También está la esperanza que si no se le es dado es porque se le está protegiendo de algo o que se le dará en un tiempo diferente”.

En suma, lejos de lo que lleve a las personas a elevar una oración (por la creencia en un ser superior), desde el punto de vista psicológico existen “beneficios” para el creyente.

“El que hace una oración busca un beneficio personal o grupal, o pidiendo un beneficio para otra persona, pero es consciente que el beneficio implica también un trabajo personal. De ahí que el primer beneficio obtenido que se puede mencionar, es ese reconocimiento que implica una actitud positiva hacia un cambio que debe incorporar en su vida, sea un cambio de actitud o de pensamiento. Otro beneficio es el estar en paz y relajado ante situaciones que generan estrés o ansiedad, trasladar ese momento de oración de lugares tranquilos o aislados a lugares o momentos en donde debe enfrentarse a situaciones difíciles que puedan permitirle a la persona sentirse segura, fortalecida, que es otro beneficio significativo, entre otros”.

En la perspectiva religiosa, el pastor Sánchez lo resume con esta reflexión: “Muchos preguntan, ¿qué tú ganas orando? Y yo le respondo: Puede que no gane muchas cosas, pero pierdo muchas otras: pierdo el temor, pierdo la inseguridad y pierdo la falta de esperanza. Y es así en una persona que tiene una vida de oración y de cercanía con Dios”, cierra.

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