"Su mirada fue lo que más me impresionó. Era una fuerza indescriptible, ambigua, tristeza, sí, pero también deseo. Y por supuesto ver que iban vestidos de traje, que era una foto con una dirección de Londres. Esto añadía complejidad, y de esta manera decido seguir estas pistas para desvelar la historia de lo que hacían allí, para qué fueron fotografiados y si regresaron a sus territorios o no", explica la realizadora a EFE.
Fuentes se refiere a dos indígenas, Omarino y Aredomi, que fueron llevados a Londres en torno a 1900, y a una fotografía que salió en las noticias como parte de un álbum encontrado en la ciudad de Iquitos hace poco más de 10 años, alrededor de 2014.
Según explica, era un álbum de propaganda encargado por La Casa Arana, compañía creada por el comerciante peruano Julio César Arana hace más de un siglo, con el objetivo de intentar limpiar su imagen de las acusaciones de asesinatos y abusos cometidos en sus caucheras.
La fuerza de la primera persona
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"Creo que da mucha fuerza plantearlo desde esta urgencia que tiene la voz en primera persona, la subjetividad de decir necesito entender esta historia, necesito saber qué pasó", precisa Fuentes al referirse al hecho de contar la historia desde su perspectiva.
También se podría haber contado "de forma omnisciente, desde un narrador atemporal, antihistórico, agrega.
"Pero creo que eso nos aleja de muchos otros conceptos que entran en juego como la comunicación entre los vivos y los muertos, y el elemento narrativo de ficción de la carga. Omarino y Aredomi necesitan que alguien reciba su carga para volver a sus territorios, y consumirla. Eso no podría haberse conseguido de ninguna otra forma".
"Entonces, cuando encuentro el cruce de sus historias con la historia de mi familia en Iquitos, confirmo que este punto de vista personal y subjetivo es poderoso porque también me hace confrontarme a mí misma, en el presente y no sólo a algo del pasado". afirma.
Así, si contar la historia de Omarino y Aredomi empezó con la carga, "al final de la película, se dirige cada vez más hacia mí, y hacia la reflexión de qué lugar ocupamos frente a esto, y cómo podemos transformar nuestros legados", subraya.
Con este filme, la realizadora no busca hacer justicia por ellos, "porque las comunidades indígenas llevan mucho tiempo realizando procesos de justicia, memoria y sanación para sí mismas", sino "entrar en relaciones de responsabilidad con esta historia".
Los libros hablan de entre 30.000 y 40.000 indígenas muertos en las plantaciones de caucho, mientras que en las comunidades se habla de entre 60.000 y 70.000 y "tener dos nombres propios, dos biografías individuales" de esas decenas de miles de víctimas "es un tesoro".
El colonialismo aún existe
Según la realizadora, "vivimos en un mundo en el que la colonialidad no ha desaparecido" y "una de las principales relaciones del colonialismo y el capitalismo en el que se produjo el genocidio es que aún persisten pero ahora están más institucionalizadas".
"El panorama de violencia para las comunidades indígenas no se ha detenido, no ha tenido descanso. Todavía siguen luchando por derechos fundamentales como el reconocimiento de sus territorios, autonomía y el respeto a sus decisiones y organización", subraya.
Las comunidades indígenas son, por eso, "un ejemplo de fortaleza, de supervivencia a un genocidio y de seguir manteniendo vivos aspectos de su cultura", agrega.
El documental está filmado en super 8 mm con película en blanco y negro, con la idea de no distinguir entre el pasado y el presente, buscando esa continuidad de relaciones mencionada y, al hablar de la comunicación entre los vivos y los muertos y de fantasmas del pasado que aún consiguen transmitir sus mensajes en el presente, la realizado tenía claro que la imagen tenía que permitir esas conexiones.
Para fuentes, estar en la Berlinale nominados al premio al mejor documental es una prueba de que hay que apoyar al cine peruano, que "está inventando sus propias formas de narrar y también de producir".
En este sentido, no deberían quitarse ayudas, sino aumentarlas, agrega la realizador, al referirse a la revisión de la Ley de Cine que se está llevando a cabo en Perú para reducir la inversión del Estado, lo cual sería "un grave error".
