Comer de todo y tener el peso deseado

Heidi Rabbach tenía 11 años cuando casi se desmaya de hambre mientras repartía periódicos. Su cuerpo estaba dando las primeras señales de deterioro por estar en estado de dieta permanente.

Perder de peso no tiene por qué ser una tortura.
Perder de peso no tiene por qué ser una tortura.Armin Weigel

Pese a no tener sobrepeso, quería adelgazar a toda costa. “Me lo sugirieron porque no tenía las piernas delgadas como muchas otras chicas. Yo no encajaba en el ideal de belleza y por lo tanto era tremendamente infeliz”, cuenta Rabbach.

La mujer, de ahora 40 años, confiesa que probó de todo para cambiar su cuerpo: dietas bajas en carbohidratos, días de arroz y cápsulas. Pero algo permanecía siempre latente: el fuerte deseo de comer un pastel, algo que se vedaba constantemente.

La estricta dieta que siguió durante años fue exitosa y ya de adulta logró no superar la talla 38. Pero aún así no era feliz. “Estaba a dieta todo el tiempo. En algún momento me di cuenta de que no podía y no quería seguir así”, recuerda.

Perder peso no tiene por qué ser una tortura

Rabbach es solo uno ejemplo de las innumerables personas que pasan por la misma situación, mientras un aluvión de dietas y libros nutritivos les prometen un camino rápido hacia el peso soñado.

¿Perder peso realmente solo funciona con tortura, disciplina y una dieta de por vida?

“No”, enfatiza Mareike Awe. La médica alemana, especialista en nutrición, es partidaria de la llamada alimentación intuitiva, un enfoque nutricional que tira todas las reglas por la borda.

La alimentación intuitiva se basa en escuchar las necesidades del cuerpo. Nos dice exactamente lo que necesitamos y lo que no”, destaca la autora de un libro sobre dietas y nutrición (“Wohlfühlgewicht”).

“El principio se basa en comer cuando se tiene hambre y comer lo que a uno le apetezca”. La médica destaca que a veces también pueden ser carbohidratos o grasas.

“Disfrute conscientemente de su comida y deténgase cuando se sienta cómodamente lleno”, remarca. Awe insiste en no pensar en las reglas de la dieta porque se corre peligro de entrar en un círculo vicioso de renuncias y atracones.

Cuando el deseo comienza a aflojar

Rabbach explica que conoció la alimentación intuitiva de casualidad y que el método le resultó completamente nuevo.

“Al principio no fue fácil confiar en mi instinto”, revela. “Primero comí todo lo que yo misma me había prohibido durante años y desde luego comencé a engordar”.

Pero cuenta que al poco tiempo se cansó de los dulces. “Cuando empecé a comer de forma consciente sentí que mis enormes antojos por ciertos alimentos disminuyeron. Incluso, algunos ya no me gustan más”.

Comer atentamente y sentir las señales del cuerpo, eso es lo que también suscribe Nils Altner, investigador de temas de educación y salud en el Departamento de Naturopatía y Medicina Integral de la Universidad de Duisburgo-Essen.

“Sería ideal si aprendiéramos a guiarnos por nuestra brújula interior”, opina el científico.

¿Pero cómo se logra eso? ¿Cómo podemos hacer para no comer un plato de cosas deliciosas lleno hasta el tope, aunque en realidad ya nos sentimos satisfechos?

“Tomándonos el tiempo necesario para comer como si fuera una actividad plena”, remarca Awe, y recomienda como ejercicio hacer una celebración de la comida.

“Lo importante es concentrarse solo en la comida, evitar las distracciones y cada tanto colocar el cuchillo y el tenedor a un lado”. Awe destaca que así uno puede percibir cuando aparecen las primeras señales de saciedad.

Hay días que sin embargo se interponen ciertos obstáculos. ¿Qué pasa, por ejemplo, si no se tiene hambre a la hora indicada?

Awe asegura: “Con un poco de práctica, se puede planear”. La nutricionista sugiere que, si por ejemplo la familia come normalmente a las ocho de la noche y uno tiene hambre una hora antes se puede llenar ese hueco con algunas nueces u otro pequeño tentempié. Después pueden cenar todos juntos.

Más cerca de tu peso para sentirte bien

Para Rabbach, el deseo de comer fue un proceso lento. Según analiza, esto implicaba no solo desechar viejas prohibiciones, sino también repensar su ideal de belleza. “Me liberé del objetivo de lograr la supuesta figura perfecta”, destaca.

“Con la mente liberada y un comportamiento alimenticio más natural fui perdiendo gradualmente el exceso de kilos y me acerqué al peso que me hace sentir bien”, resalta. Rabbach es instructora de manejo del estrés y además tiene un blog sobre alimentación intuitiva (“Einfachmaleinfach.de”).

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