Año tras año, durante esta jornada Israel es testigo de una clausura casi total: se cierran los comercios, las calles se vacían de automóviles y se interrumpen los vuelos. El Yom Kipur versión covid-19, sin embargo, resulta menos excepcional y se asemeja bastante a la realidad ya existente en el país, que vive un segundo confinamiento para intentar frenar la segunda ola de la pandemia.
Al cierre de comercios no esenciales se sumará esta jornada el del resto de los negocios, incluidos los supermercados; la interrupción de las emisiones de radio y televisión y la clausura del aeropuerto, algo que podría implementarse de forma permanente en los próximos días en el marco de la lucha contra la pandemia.
Este año, además, los fieles no se trasladarán en masa a las sinagogas, que solo podrán recibir pequeños grupos y deberán respetar las normas sanitarias.
Después del Yom Kipur, volverán a cerrar y solo se podrá rezar en espacios abiertos cercanos al domicilio y con un máximo de veinte personas. Parte de la población realiza durante esta festividad un ayuno de veinticinco horas, a la vez que muchos suelen aprovechar las calles y autopistas vacías para andar en bicicleta o patines, algo que en esta ocasión podrán realizar en el radio de un kilómetro de sus casas por el que se pueden desplazar durante el confinamiento.
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