PARÍS (AFP). De Berlín a Washington, las naciones occidentales denuncian una “deriva autoritaria” del Gobierno ruso, y amenazan con nuevas sanciones contra Moscú.
Pero el mandatario ruso no da el brazo a torcer. Navalni permanece detenido desde su regreso a Rusia el 17 de enero después de cinco meses de convalecencia en Alemania por un envenenamiento que, según él, fue ordenado por Putin.
Las manifestaciones que reclaman su liberación son duramente reprimidas. Y siempre que los gobiernos occidentales han pedido explicaciones sobre las circunstancias del envenenamiento –con una sustancia neurotóxica de tipo Novichok, según varios laboratorios europeos– no han obtenido respuesta.
¿Qué pueden esperar los países occidentales de este nuevo pulso con Putin? Poco o nada, según los expertos.
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Quieren “hacer pagar un precio en términos de reputación a Rusia y Putin”, estima François Heisbourg, consejero especial en el International Institute for Strategic Studies (IISS) de Londres y la Fondation pour la Recherche stratégique (FRS) en París.
“Pero no creo que nadie en Occidente espere la liberación de Navalni y todavía menos la caída de Putin”, dice el analista.
Para Cyrille Bret, profesor en el Instituto de Ciencias Políticas de París, la ofensiva occidental “muestra al poder ruso que Navalni no está aislado a nivel internacional”.
“Pero esto también puede volverse contra él, desacreditarlo como un ‘agente del extranjero’, un fantasma muy arraigado en la mentalidad rusa, heredera de la URSS”, afirma.
A los dirigentes occidentales “no les queda otra opción” que hablar con Moscú sobre temas de “seguridad colectiva”, como el control de armamento o el programa nuclear iraní, recalca el experto.
El nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aunque dijo estar “muy preocupado” por la situación en Rusia, también señaló “el interés mutuo” en tratar cuestiones como el tratado New START de desarme nuclear.
Su homólogo francés, Emmanuel Macron, quien relanzó en 2019 el diálogo estratégico con Moscú, mantiene la misma doble posición.
Aunque París suspendió la reunión conjunta de ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa, en septiembre de 2020, a raíz del caso Navalni, “este distanciamiento no ha llevado a cortar los lazos”, señala una fuente ministerial.
Por su parte, Alemania quiere finalizar el gasoducto Nord Stream 2 con Rusia, pese a la oposición de Washington.
“El gobierno critica, con toda la razón, el envenenamiento y el arresto arbitrario del opositor al Kremlin (..) Pero intenta situar el gasoducto en una realidad paralela, en las antípodas de lo que pasa en la Rusia de Putin”, afirma el diario alemán Süddeutsche Zeitung.
