En plena ola de calor, Castilla y León lucha contra ocho incendios, el más grave el que afecta a Las Médulas (noroeste) cuyas llamas han arrasado algunos de sus castaños centenarios. La Junta aún está evaluando el impacto del fuego.
El espectacular paisaje cultural, rodeado de viejos castaños, lagunas, lagos, picos y galerías, fue la explotación aurífera a cielo abierto más importante del Imperio Romano y una de las mayores obras de ingeniería de la antigüedad.
Las Médulas es un Paisaje Cultural, es decir, se ha ido formando por la acción del hombre sobre la naturaleza a lo largo de mucho tiempo. En el mundo hay más de 500 lugares incluidos en la lista del Patrimonio Mundial.
La zona abarca más de 2.000 hectáreas. Comprende las minas y también grandes áreas cubiertas por los relieves resultantes del proceso. Existen presas que antiguamente recolectaban las grandes cantidades de agua necesarias para el proceso minero y canales intrincados por los que se transportaba el agua a las minas, explica la UNESCO.
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Además, el lugar fue declarado Bien de Interés Cultural en 1998, lo que significa que goza de la máxima protección legal. La zona se amplió en 2007 para incluir toda el área protegida del Patrimonio Mundial. Además, Las Médulas fue declarada Monumento Histórico en 1931 y Monumento Natural en 2002.
Su gestión está a cargo de la Junta de Castilla y León (gobierno regional), a través de la Dirección General de Patrimonio Cultural.
El oro de Roma
En Las Médulas, igual que en otros muchos sitios del noroeste, los romanos empezaron extraer el oro a principios del Imperio. Lo usaban sobre todo para hacer monedas, medio de pago y también de propaganda de los éxitos del emperador.
Roma sacó de Las Médulas y de otras minas del noroeste buena parte del oro necesario para acuñar la moneda durante dos siglos. Pero en el siglo III las monedas cambiaron de valor y las minas dejaron de funcionar, explica la web del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
El paisaje se formó cuando los romanos emplearon el sistema de la "ruina montium" para sacar el oro: consistía en ir derrumbando partes de una montaña de una sola vez empleando el agua y lavando esa tierra hasta separar el metal. Los picuezos que sobresalen en el paisaje son restos de las distintas fases de la explotación.
El agua era traída desde muy lejos, más de 100 kilómetros, a través de las montañas, en canales excavados en la roca.
Los castaños, seña de identidad
En Las Médulas, al suroeste, los “soutos” (bosques creados por cultivo) y “ladeiros” (en pendientes) cobran una personalidad muy marcada. El castaño fue introducido como cultivo por los romanos y ha pervivido hasta hoy, convirtiéndose en una seña de identidad más de este enclave Patrimonio de la Humanidad.
Los castaños centenarios de las instalaciones hoy ruinosas de las Médulas son herederos de aquellos que suministraron su madera a las obras de los embalses, diques y conductos que provocaban la “ruina de los montes” y las balsas y canales de decantación en los que se recogían las pepitas de oro.
Estos castaños, además, son la razón de que los restos de este ejemplo singular en la Península Ibérica de explotación minera a cielo abierto, con técnicas ideadas por los pueblos oriundos y que los ingenieros romanos supieron adaptar a la dimensión gigantesca de sus construcciones, se hayan conservado.
Gracias a la vigilancia y cuidados de los agricultores que explotan los castañares que crecen entre sus crestones agujereados, han impedido la entrada a “buscadores” de oro que hubieran podido destrozar los restos en el intento de encontrar alguna pepita olvidada por los romanos, según el CSIC.
