"La magnitud del sufrimiento es sobrecogedora. Toda la región sufre las consecuencias colaterales de la crisis. Conviene repetirlo: Sudán es la mayor crisis de desplazamiento del mundo, con 9,3 millones de personas desplazadas dentro del país", dijo en una rueda de prensa en Ginebra Jens Laerke, portavoz de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
La mitad de los 34 millones de sudaneses que requieren asistencia urgente son niños, según añadió Ricardo Pires, portavoz de Unicef.
El conflicto armado entre el Ejército de Sudán y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) estalló en abril de 2023, ha provocado la muerte de decenas de miles de personas desde entonces y alcanzó este viernes los 1.000 días.
"Mil días de civiles pagando el precio de una guerra que no escogieron. (...) Las mujeres están soportando la carga más pesada. La violencia y los abusos sexuales son generalizados, y casi 12 millones de personas, en su mayoría mujeres y niñas, están en riesgo de sufrir violencia de género", añadió el portavoz de la OCHA.
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El sistema sanitario, según se alertó, "está colapsando": "Menos de la mitad de los centros de salud funcionan plenamente y la cobertura es significativamente menor en las zonas de conflicto activo, donde más se necesita. Se han reportado casos de cólera en los 18 estados de Sudán, con más de 72.000 casos sospechosos solo el año pasado".
Las peticiones de fondos de la ONU para el país no han sido satisfechas. Solo el 36 % de los 4.200 millones de dólares (unos 3.600 millones de euros) solicitados en 2025 han sido alcanzados, se precisó este viernes.
Desde Naciones Unidas se hizo un llamamiento urgente para el cese de las hostilidades.
"En primer lugar, un cese inmediato de las hostilidades y pasos reales para una paz duradera. En segundo, el respeto al derecho internacional humanitario, facilitando el acceso a través de las líneas de conflicto y la protección de los civiles, incluidos los trabajadores de ayuda y la infraestructura civil", dijo Laerke.
Y en tercer lugar, según concluyó, "un renovado impulso a la financiación, con especial énfasis en apoyar a las redes locales, a las organizaciones dirigidas por mujeres y a los socios nacionales que siguen siendo el centro" de la respuesta humanitaria.
