El documento, citado por la prensa local, indica que en torno a dos tercios de los 368 participantes apuntaron a la ralentización del crecimiento como cuestión candente, convirtiéndolo así en el principal problema para las empresas estadounidenses en esta edición del estudio.
En segundo lugar figuran las "deterioradas" relaciones entre Pekín y Washington, que representan un punto de incertidumbre para más de la mitad de las firmas encuestadas.
Sin embargo, tras la tregua comercial de un año que firmaron China y EE. UU. a finales de octubre, las expectativas de los miembros de la cámara acerca de los lazos bilaterales "han mejorado de forma considerable": el 79 % de los participantes expresaron pronósticos positivos o neutrales para este 2026.
Cabe destacar que la encuesta se llevó a cabo precisamente sobre las fechas en las que Washington y Pekín acercaron posturas, entre el 22 de octubre y el 20 de noviembre.
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Tras su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump pisó el acelerador en la guerra comercial que él mismo había comenzado en su primer mandato (2017-2021), iniciando una escalada arancelaria que llegó a traducirse en un embargo comercial cruzado 'de facto' entre las dos principales potencias económicas del mundo.
En cualquier caso, las empresas estadounidenses apuntaron que la tendencia a largo plazo de 'desacople' entre su país y China suponen el principal obstáculo para la "innovación corporativa", con menores expectativas de crecimiento para el sector tecnológico y para las actividades de investigación y desarrollo (I+D).
Más de la mitad de las compañías encuestadas situaron a China entre su 'top 3' de destinos de inversión para este año, un nivel similar al del estudio anterior.
En torno a un 40 % -6 puntos más que en 2024- aseguró que el entorno de inversión en China ha mejorado, y el 57 % apuntó que elevará el capital destinado a sus operaciones en el país asiático este año.
