Gaza busca normalidad entre las ruinas bajo la segunda fase de la tregua

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Gaza, 25 ene (EFE).- Bajo ataques israelíes casi diarios y con una segunda fase de la tregua que apenas se traduce en cambios visibles, la población de Gaza trata de recomponer su día a día entre calles cubiertas de escombros y playas convertidas en campamentos improvisados.

"Después de más de dos años y tres meses de guerra, vivimos en un estado de desconcierto y confusión. No sabemos qué hacer ni cuál será nuestro destino. No hay trabajo y no puedo regresar a mi empleo, porque mi zona, el barrio de Shujaiya, fue destruida por completo: las viviendas, la fábrica e incluso mi coche", dice a EFE Maher Jader, de 60 años, en la norteña ciudad de Gaza.

Hoy, vive en una de las miles de tiendas de campaña improvisadas a las que se han retirado la mayoría de los gazatíes desplazados, donde la falta de privacidad y la inseguridad constantes son la norma. "Cuando sopla el viento no podemos dormir ni de noche ni de día. Vivimos en un estado permanente de alerta", relata.

Jader, que antes trabajaba en la industria de la construcción, debe ahora centrarse en sobrevivir y en asegurar la educación de sus hijos, algunos de ellos estudiantes universitarios. "Si no fuera por los juegos con los nietos, no habría ninguna alegría verdadera. La alegría no existe; solo fingimos estar bien para no entristecer a quienes nos rodean", dice.

Aunque la segunda fase del alto el fuego promovido por el presidente estadounidense, Donald Trump, entró en vigor este mes, sobre el terreno la violencia no se ha detenido.

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El Ejército israelí continúa con demoliciones y ataques en las zonas donde permanece desplegado, y desde el inicio de la tregua, el 10 de octubre, más de 481 personas han muerto por fuego israelí, según el Ministerio de Sanidad de Hamás en Gaza.

En la playa de la capital gazatí, el paisaje mezcla precariedad y pequeños gestos de normalidad. Entre las tiendas de campaña, niños elevan cometas (algunas fabricadas con bolsas de basura), mientras grupos de mujeres se sientan alrededor de mesas sobre la arena para conversar.

Una de ellas, que prefiere no compartir su nombre, explica a EFE que acude para disfrutar de una calma y privacidad que en los campamentos de desplazados resulta imposible conseguir.

"Hoy vine no para mirar el mar, sino para ver el sol, porque no lo vemos. Vine a sentarme bajo el sol y a calentarme un poco. El mar es el único lugar donde hay sol y arena limpia. Vine con mis hijas, nos sentamos un poco y luego regresamos", dice.

Para ella, explica, no existe la posibilidad de un retorno a la vida anterior a la guerra. La destrucción ha sido total y la existencia se ha reducido a "una mera supervivencia", sin "felicidad ni rutinas reales".

Su reflexión, dice, no busca dirigirse al exterior, sino asumir una realidad en la que la población se siente utilizada y abandonada, aferrada solo a la remota esperanza de poder marcharse algún día y empezar de nuevo fuera del enclave palestino.

Cerca de allí, Mahdi Atiya Krira, dedicado al teatro y la educación con marionetas, describe una Gaza que lucha por recuperar la normalidad pese a la devastación.

"A través de mi trabajo en el teatro y en la educación mediante el juego y el drama, sentimos que la gente intenta recuperar su vida, pero muy lentamente. Las necesidades básicas siguen sin estar disponibles, pero la gente intenta sobrevivir y aferrarse a la esperanza y a la vida", dice a EFE.

Entre montañas de escombros, algunos cafés logran reabrir, vecinos se cortan el pelo por precios simbólicos o se ayudan con pequeñas reparaciones, gestos mínimos que sostienen la vida comunitaria.

Mientras tanto, la reconstrucción de la Franja sigue siendo un horizonte lejano. Esta semana, la Administración estadounidense presentó un plan urbanístico para una supuesta "nueva Gaza", con rascacielos y modernización para un territorio devastado donde viven dos millones de personas. Una promesa que, para muchos, resulta hoy inconcebible.

"Parece que las tiendas de campaña nos acompañarán durante mucho tiempo: el frío, el calor, la escasez de agua, la falta de electricidad e internet, todo esto son dificultades que enfrentamos a diario", reflexiona Mahdi.

"Aun así, debemos mantenernos aferrados a la esperanza y al optimismo. Forma parte de la resistencia: ser optimista y seguir apostando por la vida. La resistencia es lo que te permite adaptarte y fortalecer tu capacidad de continuar", insiste.