"Es evidente que las fuerzas israelíes están repitiendo el mismo patrón en el Líbano que en Gaza: atacar a civiles, infraestructuras civiles críticas, personal de servicios de emergencia (incluidos doce paramédicos asesinados en un solo ataque) y trabajadores humanitarios", denunció el director de Oxfam en el Líbano, Bachir Ayoub, citado en un comunicado.
"Su objetivo es propagar el descontrol y el miedo entre la población, ignorando el derecho internacional", añadió.
En tan solo cuatro días, durante las primeras semanas desde que las fuerzas israelíes retomaron los bombardeos a Beirut y el sur, Israel dañó al menos siete fuentes de agua vitales, incluyendo embalses, redes de tuberías y estaciones de bombeo que abastecían de agua a más de 7.000 personas solo en la zona del valle de la Bekaa (este), documentó la ONG.
Además, en el sur del Líbano, donde hay cientos de miles de desplazados, la ONG junto a organizaciones locales estaban trabajando en rehabilitar 19 instalaciones de agua potable, de las cuales al menos seis han resultado dañadas por los bombardeos. Otras también podrían estar afectadas, pero no ha sido posible saberlo por el difícil acceso.
A finales de 2024, según este informe, los ataques israelíes ya habían dañado 45 redes de agua en Líbano, lo que afectó a casi 500.000 residentes.
"La impunidad de la que ha gozado Israel en Gaza al cometer crímenes de guerra relacionados con el agua queda de nuevo expuesta. El mundo ha demostrado que Israel puede hacer lo que quiera y cuando quiera, sin consecuencias, y una vez más es la población civil quien paga el precio más alto por esta inacción", lamentó Ayoub.
Pero "las consecuencias a largo plazo serán devastadoras para las comunidades si no disponen de agua potable al regresar a sus hogares", denunció Oxfam.
Además, Israel también ha destruido en los últimos días redes eléctricas y puentes, "interrumpiendo el suministro de servicios vitales a pueblos y aldeas enteras".
Más de 1.000 libaneses han muerto -entre ellos más de un centenar de niños- en las tres semanas de ataques aéreos y terrestres que Israel lanzó desde el 2 de marzo, supuestamente dirigidos contra Hizbulá, aliado de Irán.
Paralelamente, el Gobierno israelí ha ordenado destruir puentes sobre el río Litani (que divide el sur) y acelerar la demolición de viviendas en aldeas del sur, dentro de una operación terrestre que ha forzado el desplazamiento de cientos de miles de personas en una franja de unos 45 kilómetros.
