Morin, fallecido a los 104 años el viernes 29 de mayo, era un "humanista planetario, irreductiblemente francés", subrayó Macron, quien remarcó además su forma de pensar el mundo sin reduccionismos.
En su intervención, el presidente francés insistió en una de las ideas centrales de su obra: la verdad no pertenece a un solo bando ni a un único dogma, y el pensamiento crítico exige rechazar tanto el fanatismo como la resignación.
El acto reunió a autoridades del Estado y miembros del Gobierno en el patio del Domo, un espacio elegido de forma especial por obras en el recinto habitual. El féretro llegó poco después de las once de la mañana en un ambiente solemne, seguido de los honores militares, un minuto de silencio y la interpretación de La Marsellesa y el Canto de los Partisanos por la Guardia Republicana.
El Elíseo recordó además su compromiso con la paz, el diálogo entre los pueblos, la defensa del derecho internacional, el ideal europeo y la causa ecológica. Macron presentó a Morin como un "intérprete del tiempo presente", capaz de leer las grandes tensiones del siglo XX y proyectarlas hacia los dilemas del XXI.
Nacido en París en 1921 como Edgar Nahoum, Morin fue miembro de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y una de las voces más influyentes del pensamiento francés contemporáneo.
Autor de más de cuarenta libros, su obra abarca la sociología, la filosofía y la epistemología. Entre sus trabajos más conocidos figuran 'Autocritique', 'La Rumeur d’Orléans' y, sobre todo, 'La Méthode', su gran proyecto intelectual en seis volúmenes.
La influencia de Morin fue muy importante fuera de Francia y, de manera singular, en América Latina. En países como Brasil, México, Argentina o Colombia su obra circuló durante décadas en universidades y centros de estudio, en ocasiones incluso antes de ser traducida oficialmente, lo que da una idea de la intensidad de su recepción en la región.
Su concepto de ‘pensamiento complejo’ se convirtió en una referencia en debates sobre educación, ciencias sociales y políticas públicas. Su lectura en América Latina estuvo marcada por la propia historia de la región: una zona de intensa efervescencia social e intelectual, donde las ideas circulaban entre disciplinas y fronteras con mayor facilidad.
En ese contexto, Morin fue leído como un autor capaz de articular biología, sociología, filosofía y política en una misma mirada del mundo, algo especialmente útil para sociedades atravesadas por desigualdades y transformaciones profundas.
El homenaje en París concluyó con los honores militares reglamentarios y una despedida contenida. Francia despidió así no solo a uno de sus grandes intelectuales contemporáneos, sino a un pensador que buscó, hasta el final, una forma más amplia de comprender la condición humana.
