"Seguimos la situación con la mayor vigilancia", señaló la portavoz del Gobierno, Maud Bregeon, en una entrevista al canal BFMTV en la que justificó el mantenimiento del plan ORSAN en los hospitales "dada la incertidumbre sobre las temperaturas" y porque los centros sanitarios han estado bajo tensión.
Bregeon se refería así a las previsiones de algunos modelos meteorológicos que preludian un nuevo fuerte aumento de las temperaturas a partir del lunes 6 de julio, cuando los termómetros podrían subir de nuevo en buena parte de Francia a los 35 grados e incluso volver a los 40.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, que presidió una reunión de crisis sobre la canícula con 17 miembros de su Ejecutivo, insistió en una comparecencia ante la prensa en que durante la ola de calor que se ha prolongado durante una decena de días "el conjunto de la cadena ha aguantado".
Lecornu, que incluía en esa cadena a los expertos de los servicios meteorológicos, los sanitarios de los hospitales y de los servicios de urgencia, pero también a las fuerzas de protección civil, subrayó igualmente que el balance en términos de pérdidas de vidas de este episodio "no es comparable" al de la canícula histórica de 2003.
Aunque todavía no se ha dado un resultado global, el primer ministro reconoció que ha habido un aumento de mortalidad entre las personas mayores que viven solas, pero eso no ha ocurrido en las residencias de ancianos, que sí se vieron muy sacudidas en 2003.
Bregeon repitió algunas de las estimaciones que el Gobierno dio este pasado fin de semana, en particular un incremento del 40 %, respecto a un periodo normal, de las muertes de personas mayores que viven solas, sobre todo en áreas urbanas.
La agencia pública sanitaria ha calculado que el aumento de la mortalidad del 24 al 27 de junio fue respecto a un periodo normal de al menos 1.000 personas.
Lecornu aseguró que desde comienzos de la semana próxima van a empezar a llegar a los hospitales 30.000 aparatos de climatización que se han encargado con carácter urgente.
