Menos reasentamiento y financiación y más desinformación juegan contra los refugiados

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Ginebra, 27 jul (EFE).- La disminución de las oportunidades de reasentamiento, la desinformación asociada a los discursos de odio y los recortes de la financiación a la ayuda internacional son los tres mayores retrocesos que se experimentan en la protección de los refugiados cuando se cumplen 75 años desde que los países asumieran este compromiso.

Esto ocurrió en Ginebra el 28 de julio de 1951, cuando se suscribió la Convención sobre el Estatus de los Refugiados, que en ese entonces estaba dirigida principalmente al grupo de personas que seguían desplazadas en Europa como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y que en ese momento se estimaba en más de un millón.

Esa situación ha evolucionado a tal punto que en la actualidad 43,7 millones de personas se encuentran bajo el mandato de ACNUR, la agencia que se creó en el seno de las Naciones Unidas (ONU) para ocuparse de esta situación.

"Setenta y cinco años después, el desafío no consiste únicamente en defender la Convención, sino también en garantizar que su promesa funcione en la práctica, lo que significa tener sistemas de asilo justos y eficaces, y apoyar a los países y comunidades que acogen a la mayoría de refugiados del mundo", ha explicado la directora de Relaciones Exteriores de ACNUR, Dominique Hyde.

La representante del organismo enumeró los retrocesos que se ven en el terreno y relató para EFE una experiencia que vivió muy recientemente en Burundi, donde visitó un campamento que acoge a 57.000 refugiados congoleses y donde se prestaba apoyo sanitario, pero "había preocupación por si habría fondos suficientes para seguir pagando a los médicos".

"Tampoco había dinero suficiente para el suministro de agua. Solo se disponía de ocho litros por persona y día, cuando el estándar mínimo en situaciones de emergencia es de 15 litros.... Estamos viendo esta situación en todo el mundo", sostuvo.

En el contexto de la efeméride de la Convención, ACNUR ha presentado los resultados de un gran sondeo realizado en 29 países representativos de distintas regiones y niveles de desarrollo socio-económico en los que ha preguntado a la gente sus opiniones sobre el derecho al asilo, el rol de los Estados y la pertinencia de este instrumento legal internacional.

"Muchas personas apoyan el derecho a buscar protección, pero al mismo tiempo se preguntan si los sistemas de asilo son justos y eficaces y si están bien gestionados" señaló una responsable de Ipsos, la compañía que colaboró con ACNUR en el sondeo.

En concreto, el 61 % de los encuestados considera que detrás de muchas peticiones de protección internacional en realidad hay motivos económicos, pero al mismo tiempo una proporción aún mayor (66 %) está de acuerdo con que las personas que escapan de guerras o que son víctimas de persecución deben ser recibidas como refugiados en otros países.

Uno de los aspectos más interesantes de ese sondeo ha sido que la gente puede expresarse claramente sobre por qué considera que muchos no son auténticos refugiados: en primer lugar, consideran que las personas que huyen disponen de recursos económicos; en segundo lugar, se preguntan por qué no se quedan en el primer país al que llegan; y, en tercero, mencionan ideas recibidas a través de medios de comunicaciones o redes sociales.

Muchos de esos mensajes difunden una narrativa contra los refugiados o crean confusión intencionalmente al equipararlos con migrantes, lo que quizás explique la tendencia a la reducción de las plazas de asilo, que este año se han fijado en 120.000 como objetivo, a pesar de que los refugiados que las necesitan y cumplen los criterios para ello son casi 2,4 millones.

Pese a ello, lo más probable es que ni el objetivo trazado se cumpla, si se tiene en cuenta que en 2025 se pudo reasentar a menos de 40.000 refugiados (principalmente, y por orden, en Canadá, Australia y Francia), una caída del 68 % frente a un año antes.

De manera general y siempre según la encuesta, los jóvenes muestran opiniones más positivas que las generaciones mayores: casi la mitad de los encuestados de la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) cree que los refugiados se integrarían con éxito, frente al 39 % de los de la generación del 'baby boom' (1946-1964).

Aun así, la preocupación por la integración, la gestión de las fronteras y la autenticidad de las solicitudes de asilo se mantuvo en cierta medida en todos los grupos de edad.