"El año 2021 fue un punto de inflexión para los incendios forestales en Grecia", explica a EFE Aléxandros Dimitrakopulos, profesor del Departamento de Silvicultura y Medio Ambiente de la Universidad de Tesalónica.
Aquel verano se desató el grave fuego en el norte de la isla de Eubea, que calcinó más de 50.000 hectáreas de bosque, el mayor incendio registrado en la historia del país heleno hasta ese momento.
Otros tres fuegos que en la región capitalina de Ática arrasaron 26.000 hectáreas de bosque pueden considerarse los primeros megaincendios de la zona por su elevada intensidad térmica y por generar su propio microclima, destaca el experto.
Dos veranos después, en 2023, las llamas devoraron más de 170.000 hectáreas —un 1,2 % del territorio griego—, de las que 95.000 correspondieron al incendio de Evros, el peor registrado en Europa.
"En la lucha contra el fuego, lo que ha cambiado radicalmente desde entonces respecto a la prevención es el seguimiento mediante satélites", afirma Dimitrakópulos.
El pasado 3 de mayo se lanzaron, mediante un cohete Falcon 9 de SpaceX, cuatro microsatélites térmicos de construcción griega. Su fin es la detección temprana y el seguimiento satelital en tiempo real por parte de las autoridades.
Un mes después, se puso en órbita desde Florida el microsatélite óptico Hyperion GR-1. Este dispositivo proporciona imágenes multiespectrales de alta resolución e información precisa sobre observaciones geográficas.
A pesar de que estos satélites y 200 drones de vigilancia de 24 horas han operado este verano, la última semana dejó decenas de fuegos en todo el país, causando la muerte de cinco personas, entre ellas tres bomberos.
Respecto a la prevención, que abarca la limpieza invernal de combustible y la creación de cortafuegos para fragmentar masas forestales, Grecia "se encuentra en el mismo punto en el que estaba en el año 2000", añade.
Por su parte, Miltiadis Athanasíu, investigador del Instituto de Ecosistemas Mediterráneos Forestales, considera que la legislación debe amoldarse más al trabajo de gestión de catástrofes.
"Las sanciones a los mandos del Cuerpo de Bomberos son innecesariamente estrictas. Esto fomenta que los oficiales duden a la hora de tomar decisiones operativas sobre el terreno", apunta Athanasíu.
El investigador, expiloto de helicóptero cisterna, explica que los mandos suelen ordenar evacuaciones preventivas innecesarias por el temor a represalias judiciales si no decretan un desalojo a tiempo.
Según Athanasíu, esto constituye un gran problema, ya que impide identificar los asentamientos resistentes al fuego por su topografía, tipo de vegetación o preparación vecinal.
De este modo, se podrían clasificar las localidades que sirven como fortaleza y punto de partida operativo frente a aquellas más vulnerables que deben ser evacuadas de inmediato.
No obstante, Athanasíu admite que en los últimos años ha mejorado la coordinación entre autoridades regionales, bomberos y el Servicio Forestal, además del incremento de labores preventivas durante el invierno.
