No se trata de premiar, ni de castigar a quien no va a votar; creo que el debate debería pasar porque cada uno de los que debemos ejercer esa función pública seamos absolutamente conscientes de que el voto es un derecho y un deber, dos caras de una misma moneda; derecho de elegir de la oferta electoral existente a las mejores personas para gobernar; deber de participar en la construcción y consolidación de la democracia. Votar nos permite hablar. No es poca cosa la responsabilidad que tiene el elector, quien al elegir se convierte en co-partícipe del destino de su país.
Todo este entendimiento pasa necesariamente por una educación que sea capaz de formar verdaderos ciudadanos, reflexivos de la potencialidad que poseen cuando depositan un voto.
La reforma educativa es necesaria y entre sus ejes principales debe incluirse la formación del pensamiento crítico del educando; no basta enseñar a leer, a escribir, a sumar y a restar. Actualmente el sistema educativo es deficiente en el área de instrucción cívica y está diseñado para no educar al ciudadano; año a año egresan analfabetos democráticos cuya cultura política (si es que tienen alguna) es autodidacta y supeditada al mayor o menor interés del graduado, sea de colegios públicos o privados.
No tengamos miedo de enseñar a nuestros pequeños a ser ciudadanos, pues la ignorancia en materia política es la que nos convierte en presas fáciles de inescrupulosos que se convierten con este sistema, tan fácilmente, en senadores, diputados, ministros de Corte y presidente de la República de nuestro querido Paraguay.
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Katty González