Especialistas en comportamiento canino coinciden en algo básico: un buen parque depende menos del diseño del espacio y más de cómo se comportan sus usuarios, humanos y de cuatro patas. Estas son cinco reglas de etiqueta que todo dueño de perros debería seguir para que la convivencia funcione.
1. Ir solo si el perro está socializado y sano
La primera decisión responsable ocurre antes de ingresar. Un perro que muestra miedo extremo, agresividad recurrente o que no sabe relacionarse con otros animales puede pasarlo mal y generar conflictos.

Tampoco es buena idea llevar al parque a perros enfermos, con tos, diarrea o heridas abiertas, ni a cachorros que aún no han completado su calendario de vacunación.
El parque no es el lugar para “probar” si un perro agresivo mejora; para eso existen sesiones controladas con educadores. Forzar la situación suele acabar mal para todos.
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2. Supervisar siempre
En algunos parques hay perros sueltos y dueños absortos en el celular. Sin una vigilancia activa es fácil que surjan problemas que nadie corta a tiempo: persecuciones insistentes, montas repetidas, empujones a niños o apropiación de juguetes ajenos.

Los especialistas insisten en que el parque no es una guardería, sino un espacio de interacción supervisada.
Observar el lenguaje corporal —colas rígidas, gruñidos, miradas fijas o intentos de huida— permite intervenir antes de que un roce se convierta en pelea.
Estar presente, con atención real, es una forma básica de cortesía hacia los demás usuarios. Además, en la mayoría de los lugares, es una exigencia que estén con la correa puesta.
3. Respetar al que no quiere saludar
No todos los perros quieren jugar, ni todas las personas quieren contacto. Sin embargo, es habitual ver a dueños que dejan que su perro se lance sobre cualquiera “porque es muy cariñoso”. Esto puede resultar intimidante, incluso peligroso, para niños, personas mayores o quienes tienen miedo a los perros.
La etiqueta básica pasa por preguntar antes de permitir que el perro se acerque demasiado a alguien que no forma parte del grupo. Si otro dueño avisa de que su perro es miedoso, está en entrenamiento o se está recuperando de una operación, lo correcto es mantener la distancia y redirigir a nuestro animal, aunque “solo quiera jugar”.
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4. Recogerlo todo: no solo los excrementos
La obligación de recoger las heces está asumida por la mayoría, pero la etiqueta va más allá. Restos de paquetes de golosinas, bolsas de pienso, botellas de agua rotas, pelotas desgastadas o trozos de cuerda pueden convertirse en basura peligrosa para otros perros y para la fauna del entorno.
Mantener el parque limpio es una responsabilidad compartida. Dejar el espacio tal y como nos gustaría encontrarlo —e incluso mejor— es una forma directa de mostrar respeto hacia el resto de usuarios y de evitar que el vecindario presione para restringir estos espacios.
5. Conocer y cumplir las normas del lugar
Cada parque suele tener reglas propias: horarios, zonas separadas para personas con perros (a veces con la salvedad de que pueden ser solo pequeños), obligación de llevar correa fuera del área delimitada o límites de número de animales por persona.

Ignorarlas puede aumentar el riesgo de incidentes.
Leer los carteles de la entrada, preguntar si hay dudas y seguir las indicaciones del personal municipal, cuando lo hay, ayuda a preservar la convivencia.
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También es importante asumir que no todos usan el parque del mismo modo: algunos van a socializar, otros a entrenar o simplemente a pasear en calma. La buena etiqueta consiste en encontrar un punto de equilibrio entre las distintas necesidades.
