Lichi les había alentado a que cultiven tomate en grandes cantidades porque en esta ocasión podrían ser comercializados a buen precio. Con la primera cosecha se estableció el precio a G. 4 mil el kilogramo, pero eso solo duró dos entregas. Actualmente, los acopiadores solo compran la producción a G. 2.500 y G. 1.000 por kilo, lo que constituye una gran pérdida para los agricultores que cifraron sus esperanzas en Lichi.

Froilan Díaz, quien tiene unas 10.000 plantas de tomate, lamentó que no se pueda detener el contrabando y que el ministro Lichi no luche a favor de los productores sabiendo de sus penurias.
Silvio Sánchez, de la compañía Cañada, sostuvo que en ambas compañías hay más de 200.000 plantas de tomate y que este año se cultivó el doble, creyendo en las promesas de Lichi, pero ahora están desesperados. El panorama en estos lugares es desolador.
