Juntos, en las buenas y en las malas

Una joven pareja de Ciudad del Este es un ejemplo de cómo el amor verdadero acompaña en las buenas y en las malas. Una batalla contra el cáncer los lleva a enfrentar dificultades, pero siempre agarrados de la mano. Esta es su historia.

Edgar Centurión y Rumilda Robledo.
Édgar Centurión y Rumilda Robledo.Redacción regional

Édgar Centurión es un carpintero de 26 años y está felizmente casado con Rumilda Robledo, cariñosamente “Rumi”, de 24, estudiante de enfermería.

Él le declaró públicamente su amor en las redes sociales, nada inusual para un hombre enamorado, pero esta vez había una fecha especial de por medio, su segundo aniversario de bodas. Ese posteo se hizo viral, por sus conmovedoras palabras: “ella me pidió que la deje, pero yo jamás la abandoné”, haciendo mención a la terrible enfermedad que ella padece, linfoma de Hodgkin.

Jamás se imaginó que aquellos primeros síntomas, fiebre, picazón, dolor de garganta y la aparición de un quiste, se convertirían en su calvario.

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“Durante cuatro meses estuvo con esos síntomas; primero se fue a IPS de Ciudad del Este, y ahí no le pillaban lo que tenía. Ella ya sospechaba: como es estudiante de enfermería, empezó a investigar en internet de acuerdo a sus síntomas. Finalmente, tuvo que recurrir a un sanatorio privado, y fue donde le dieron el diagnóstico”, recordó el joven.

Rumi siempre se caracterizó por ser una esposa cariñosa, pero algo estaba pasando; ya no era como antes. Édgar se quiebra, no aguanta, y se inunda en llanto al contar esta parte de la historia.

“De repente, ella empezó a cambiar; ya no me hablaba, andaba triste. Yo no sabía qué le ocurría; hasta que un día le encaré y me dijo: ‘me salieron mal mis estudios, tengo linfoma’. Yo no tenía la más pálida idea de lo que eso significaba. Entonces me explicó que esa pelotita que le había salido en el cuello no era un quiste, sino cáncer”.

Ese día él se estaba preparando para ir a su trabajo, pero decidió quedarse en casa. “Lloré, lloramos juntos todo el día. Yo no quería creer que mi señora tenía esa enfermedad”, dice.

Sin embargo, ella ya había tomado una decisión: dejarlo libre. “Me dijo que yo era muy joven y que su vida ya no valía nada, que si yo fuese feliz lejos, ella estaría conforme. Pero yo jamás la voy a abandonar; a donde ella vaya, me iré. Me casé para estar con ella, y con ella me voy a quedar”.

Rumi ya no quería saber de convivir en la casa matrimonial, y fue a la de sus padres. Édgar la siguió y habló con su suegro, a quien expresó sus intención de acompañar a su esposa.

“Lo que vos hacés por mi hija nadie lo hará; así que esta es tu casa”, le dijo el suegro.

¿Cómo se conocieron? Por el año 2014, ambos eran alumnos de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad del Este. Ella estudiaba para ser cajera, y él asistía a un curso de conexiones eléctricas.

Fue Édgar quien se interesó primero, y averiguó su número. Ahí empezaron a hablar. A los tres años de noviazgo, le pidió que fueran a vivir juntos; pero ella se negó, pues quería hacer las cosas bien, con todas las de la ley. Una boda religiosa y civil.

“Rumi no quería juntarse, prefería casarse. Entonces acepté. Todo planeamos muy rápido. Nosotros nos casamos para poder vivir juntos; nuestra idea no era hacer una fiesta, pero mucha gente nos ayudó”.

No tenían dinero para pensar en festejos. Sin embargo, a medida en que iban planeando la boda, aparecían amigos y familiares que contribuyeron para la fiesta. Una les regaló el local (una casa quinta), otra la decoración, y así iban sumando hasta que terminó siendo una linda e inolvidable fiesta.

Dieron el sí ante el altar de la parroquia San Pedro del Kilómetro 8 Monday, el 30 de setiembre del 2017.

A un año y cuatro meses de casados, saltó el diagnóstico del cáncer en un hospital privado, donde el médico les recomendó que volvieran al IPS, teniendo en cuenta que se trataba de un tratamiento bastante costoso.

“Como no tenemos plata, recurrimos acá (IPS Central, Asunción), y cada tanto se hace su quimioterapia. Primero, se hizo seis sesiones; después en un estudio salió que el tratamiento no estaba teniendo los resultados esperados. Entonces, empezó un tipo de quimio más fuerte, que ahora mismo no sabemos cómo está saliendo”.

Los doctores les advirtieron que la enfermedad se encuentra en un estado avanzado.

Al término del tratamiento Rumi debe someterse a un trasplante de médula. “El doctor me dijo que el trasplante es la forma de cura, pero primero el cáncer tiene que desaparecer, y para eso la quimio tiene que resultar”.

En IPS Central están siendo muy bien atendidos por parte del plantel médico y de enfermería. “De acá no tenemos quejas; al contrario. Tenemos mucho agradecimiento; lamentablemente, no podemos decir lo mismo (de IPS) de CDE. Allá, el problema es que no hay nada”.

El mayor anhelo de Édgar es ver a su esposa totalmente recuperada, y para eso hará todo lo que esté a su alcance. “Trato de cumplir todos sus deseos; siempre le apoyé en sus estudios, le compré una computadora; todo lo que puedo le doy, y demasiado quiero que se cure para que se cumplan todos sus sueños”.

<b>Renovación de votos</b>

Edgar Centurión y Rumilda Robledo se casaron en 2017.

En setiembre pasado la pareja celebró su segundo aniversario de bodas, con un acto religioso en la sala del hospital. Inicialmente, la idea era conmemorar la fecha en otro lugar, ya que para ese entonces debía salir de alta tras una sesión de quimioterapia, pero tal cosa no ocurrió.

“Nosotros queríamos hacer en otro lugar, una placita o algo así, pero en el día en que le tenían que liberar ella no se sintió bien, y le dejaron internada más tiempo. Ella es muy detallista; nunca deja pasar una fecha especial. Entonces, con mi cuñada, armamos una sorpresa. Le trajimos al sacerdote para que oficiara una ceremonia de renovación de votos. Compartimos ese momento en la sala de internados, con la familia, los médicos. Ella se puso muy contenta”.

Necesitan comprar fármaco de G. 20 millones

Rumilda Robledo tiene 24 años de edad.

En un tono preocupado, Édgar relata que los médicos le recetaron un fármaco de nombre Pembrolizumab 50 mg, cuyo costo es de unos G. 20 millones, y señala que no tiene dinero para comprar.

“Lastimosamente, no tengo nada para vender y poder comprarle el remedio. La otra vez estuvimos a punto de conseguir a través de una fundación; eso me animó mucho, pero después saltó que ella tiene seguro de IPS, y por eso se trancó otra vez”.

Explica que el medicamento no será usado de inmediato, ya que deben esperar que culmine este ciclo de quimioterapia. Sin embargo, ya se inició una campaña de actividades para recaudar fondos. Una vez tengan el dinero, procederán a comprar el fármaco, pues no se encuentra fácilmente en Paraguay.

“El doctor me dijo que, de llegar a necesitar, puede usar dos ampollas o más, y nos avisó por adelantado para que nos vayamos preparando y viendo la forma de comprar. Si por ahí ella no llega a usar el medicamento, nosotros vamos a donar a otro paciente que esté necesitando y que no tenga las posibilidades de comprar”.

Gente solidaria

El caso de la joven conmovió a los internautas, quienes organizan actividades para recaudar fondos y así poder pagar el costoso fármaco.

“Todos por Rumi” se llama un grupo en Facebook y Whatsapp, donde se acopla gente dispuesta a aportar su granito de arena, de acuerdo a sus posibilidades.

Por ejemplo, una persona donó sus servicios de retoque de pintura y pulido para vehículos por valor de G. 1 millón, mientras que otra, un tatuaje por G. 800.000 para sortear y, de esta manera, van sumando.

Se preparan rifas, torneos solidarios, polladas, colectas en las calles, todo con el propósito de llegar a la meta. Édgar habilitó su número 0983 884282, para quienes deseen colaborar con la causa.

Rumi empezó una lucha por la vida que está siendo acompañada por personas que ella ni siquiera conoce, pero que es posible gracias a esas actitudes que tanto caracterizan al paraguayo, la empatía y la solidaridad.

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