Las manos detrás del vestido

De la elaboración del vestido de la primera dama participaron más de una decena de personas. Entre ellas, una artesana de Itauguá, que es conocida por tener el “hospital del ñandutí”, en su ciudad, y que se encargó de colocar el tejido en el atuendo.

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Unas 14 artesanas tejedoras de ñandutí fueron las encomendadas para confeccionar el tejido que se aplicaría al vestido de la primera dama de la Nación, Silvana Abdo.

El vestido que, según afirmaron nuestras fuentes, fue traído de París, Francia, ya era de por sí majestuoso, pero la primera dama quería darle un toque especial de identidad paraguaya, por lo que sus asistentes viajaron hasta la ciudad de Itauguá, donde encargaron a las laboriosas mujeres una tarea especial, tejer apliques de Ñandutí que serían colocados en el vestido de Silvana como detalles.

Pero el trabajo de las 14 artesanas aún no era suficiente para lograr el objetivo. Era necesaria una mano artística que se encargara de pulir el tejido, sacarle los hilos sobrantes, retirarle la tela de base, lavarlo y estirarlo, para que quede perfectamente adaptado al vestido y al cuerpo de la clienta.

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Ahí es donde entró en escena la señora Estefana Benegas, una artesana de 67 años que teje ñandutí desde los 7 y no concibe su vida haciendo otro tipo de trabajo.

Pero desde hace algunos años, decidió centrarse en la terminación de los tejidos de sus colegas, un rubro tan necesario como escaso, por lo que encontró la veta del negocio y le ha ido bastante bien.

Y así fue como llegó a sus manos este delicado trabajo que ella tomó con tranquilidad y profesionalismo. Doña Estefana cuenta en entrevista con ABC Digital que la parte importante la tuvieron las artesanas. “Ellas trabajaron durante dos meses para tejer el Ñandutí que íbamos a necesitar, el tejido tiene 25 metros de randa con ondas y cada artesana hizo dos metros de tejido a mano”, nos contó Estefana.

Luego de culminar el tejido, se lo trajeron y comenzó el trabajo de terminación, que le tomó una semana “pero intensiva”, comenta.

Luego del lavado final, toca almidonar la prenda para que quede impecable y estirada, debido a que “el ñandutí no se plancha”, explica la trabajadora.

La mujer, quien aclara que no es modista profesional, sino una apasionada de la confección, cuenta entre risas que todo el mundo la conoce en Itauguá.

“A mí me dicen que mi casa es el hospital de ñandutí, todo lo que está feíto, blando, sucio, viene acá, yo tengo que curar todas esas cosas”, compartió la hacendosa mujer.

 

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