Mandarina: el mercado está, pero la fruta no

Mandarina: el mercado está, pero la fruta no
Mandarina: el mercado está, pero la fruta noGentileza

Paraguay tiene casi 800 hectáreas de mandarina, con rindes de 25 a 30 toneladas por hectárea, pero la producción no alcanza para abastecer la demanda durante todo el año. Brasil y Argentina cubren el faltante, mientras la fruta local se vende a granel, entre G. 20.000 y G. 50.000 por cada 100 unidades.

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En invierno las mandarinas llenan las góndolas. Muchas de ellas no vienen de los montes de Cordillera ni de las chacras de Itapúa: cruzaron la frontera desde Brasil o Argentina para ocupar el lugar que la producción nacional deja vacío.

El problema no es de demanda. Es de oferta.

Así lo plantea Lucidio Burgos, jefe interino del Programa de Investigación Frutícola del Centro de Investigación Hernando Bertoni (CIHB) de Caacupé, dependiente del Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA). Según el técnico, el país tiene suelos y clima para crecer en el rubro, pero todavía no produce en el volumen, la calidad y la continuidad que exige el comprador.

La demanda existe

Paraguay importa mandarinas principalmente de Brasil y, en menor medida, de Argentina. Entre las frutas que ingresan figuran Murcott y tangerina.

Para Burgos, esa dependencia es la mejor prueba de que hay espacio. El consumo de mandarina es menor que el de naranja, pero el mercado está y hoy lo abastece fruta extranjera. Supermercados, despensas y otros compradores buscan producto durante más meses de los que la oferta local puede cubrir.

Poca fruta y una ventana corta

Según el último censo citado por Burgos, el país cuenta con casi 800 hectáreas de mandarina. La cifra incluye fincas productivas, pero también árboles en patios rurales. Los rendimientos oscilan entre 25 y 30 toneladas por hectárea, según el clima y el manejo.

La producción se concentra en dos polos. Cordillera se destaca por la Dancy, conocida como mandarina roja, que sale al mercado desde mayo. En Itapúa, Carlos Antonio López y Mayor Otaño producen Murcott, una variedad dulce, de cáscara difícil de pelar y maduración tardía, que se comercializa sobre todo entre julio y agosto.

Fuera de esa ventana, la góndola queda para la fruta importada.

La salida, según Burgos, es diversificar variedades para escalonar las cosechas y estirar el calendario de oferta. Eso requiere inversión y planificación.

Mandarina: el mercado está, pero la fruta no
Mandarina: el mercado está, pero la fruta no

La soja compite por la tierra

En Itapúa, la mandarina disputa superficie con la soja, que puede ofrecer mayor rentabilidad. Por eso, la fruticultura comercial queda en manos de empresas que abastecen a la industria y venden fruta fresca, como Frutika y Tropi Sur, con escalas productivas distintas.

Fruta a granel, precio a granel

En Cordillera, los precios van de G. 20.000 a G. 50.000 por cada 100 frutas, según la temporada. La venta se hace a granel o por cantidad, sin clasificar por tamaño, apariencia ni calidad.

En general, el comprador cosecha y empaca. El productor entrega todo junto, sin separar las frutas que podrían obtener un precio superior.

Burgos propone seleccionar, uniformar la presentación y vender por kilo. Ese cambio abriría la puerta de supermercados y despensas, donde la calidad visual decide la compra y donde hoy se ubica la fruta importada.

El clima recorta la cosecha

La sequía es una de las principales amenazas. Después de la cosecha, entre agosto y septiembre, las plantas brotan y florecen. Si falta agua en esa etapa, la producción puede caer de forma considerable y comprometer la campaña siguiente.

El calor intenso de enero y febrero puede quemar los frutos y deteriorar su calidad comercial. Las condiciones secas también favorecen a los ácaros, que manchan de marrón la cáscara y bajan el valor de la fruta.

El frío moderado, en cambio, juega a favor: estimula la coloración anaranjada o rojiza que buscan los compradores.

Costos en dólares, ventas sin contrato

Los fertilizantes y otros insumos se comercializan en dólares y presionan los costos. Cuando el precio de venta no acompaña, el margen se achica.

El riego y el fertirriego ayudarían a sostener los rindes frente al déficit hídrico. Pero son inversiones difíciles de recuperar sin compradores estables ni precios previsibles.

Es un círculo: sin oferta regular no hay contratos, y sin contratos no hay inversión para producir más.

Vender antes de cosechar

Burgos plantea fortalecer los vínculos entre productores, procesadoras y compradores. También sugiere explorar acuerdos de provisión con empresas y programas de alimentación para tener mercado asegurado antes de cada cosecha.

Esos compromisos mejorarían la planificación, aunque exigen calidad, abastecimiento continuo y formalización. Justamente lo que hoy falta.

El toque de la industrialización

La industrialización permite aprovechar la fruta que no cumple condiciones para venderse fresca. En Cordillera, algunas variedades pequeñas se destinan a dulces, mermeladas y conservas en almíbar.

Más allá del mercado interno, la exportación sigue lejos. Burgos señala a la mosca de la fruta como una de las principales barreras fitosanitarias. Superarla exige reforzar los controles sanitarios, mejorar el manejo de las plantaciones y cumplir las exigencias de los países compradores.

Una oportunidad sin dueño

Casi 800 hectáreas y rindes de hasta 30 toneladas por hectárea son una base para crecer. La demanda está probada y la cubren Brasil y Argentina.

El desafío para el productor paraguayo es ocupar ese lugar con más volumen, más meses de oferta, fruta clasificada y contratos firmados antes de la cosecha.