No todo es COVID, pero todo se tiñe de ella

Parecería ser que, de un momento a otro, otras enfermedades dejaron de existir, otras voces de dolor perdieron importancia y las otrora urgencias, dejaron de serlo.

Momentos atrás recibí un desgarrador correo electrónico de una lectora. La misma comienza su e-mail explicando que estaba tratando de leer un artículo de mi autoría en la revista de ABC. El mismo se denomina “La pandemia del amor” y es una nota que hice a una gurú de espiritualidad que, por medio de sus palabras esparce una luz de esperanza para este difícil momento; la lectora en cuestión se mostró interesada por el mismo pero no encontraba la forma de leerlo, no se concentraba, me dijo, porque los quejidos de dolor de su padre tendido en una cama del Hospital Central de IPS no lo permitían.

Me cuenta que su padre -de 89 años- ingresó al hospital el 11 de junio por una arteriopatía obstructiva, con dolores tan intensos que requiere de altas y constantes dosis de morfina. El paciente necesita una intervención quirúrgica, pero no la realizan por protocolo, es que debe contar con los resultados de la prueba del COVID19. Le realizaron la misma el 14 de junio, y obtuvo un resultado negativo, me cuenta, y le tomaron otra muestra 72 horas antes de su triste e-mail, pero aún no contaban con los nuevos resultados al momento de abrir su corazón hecho trizas y escribir.

“¡COVID, COVID, COVID, y mientras tanto los demás casos, ¿qué?!”, se pregunta tan fuerte que lastima el alma.

Este es probablemente solo uno de los miles de casos que deben estar penosamente existiendo en estos momentos. La COVID19 vino a acapararlo todo, a invisibilizar todo tipo de enfermedades y urgencias que dejaron de serlo. ¿Acaso no es la preservación de la vida lo que importa? ¿Nos olvidamos de que hay otros temas que atender? ¿Qué clase de sistema de salud deja a sus pacientes a la espera, gritando de dolor ante su impotente familia?

Y mientras sigan aumentando los casos positivos de coronavirus la atención a esta nefasta enfermedad será aún mayor y se dejará aún más de lado a quienes necesitan ser atendidos por otros males igual de importantes.

Señor, señora, respete la vida de los demás y lávese las manos, use tapabocas y mantenga el distanciamiento social; estará ayudando a que este y otros pacientes fuertemente aquejados reciban la atención médica que merecen en tiempo y forma.

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