Como anillo al dedo

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La pandemia se convirtió, definitivamente, en un escenario impensado para el mundo entero golpeándola con una crisis de salud y económica que se instaló hasta en los países que parecían estar mejor preparados, igualando a muchos en las mismas necesidades y derivaciones que ha tenido todo esto.

En Paraguay hubo una reacción oportuna y rápida en cuanto a medidas sanitarias, la ciudadanía acompañó el pedido de quedar encerrados y se cumplió teniendo una primera etapa efectiva.

Pero después de un tiempo de encierro y sin mayores respuestas positivas de gestión y organización del Estado, la situación comenzó a golpear, ya no solo en la salud, pues comenzaron a crecer los números de la epidemia, sino en la economía, ya que son demasiados los rubros que hoy reclaman una falta de visión y soporte en medio de los sacrificios que se debieron hacer a causa del coronavirus.

Según coinciden economistas, Paraguay está atravesando la peor crisis económica de nuestra civilización globalizada.

Ciertamente, se ha dado a conocer un plan de reactivación económica, pero quedó postergada la llamada reforma del Estado, anunciada con tanto entusiasmo al principio de este periodo, con los discursos sonados de aprovechar el momento y la oportunidad para convertir al Estado en más efectivo con respecto a las inversiones y los gastos que se realizan.

Se habló de tener un gasto público de cuidado, de cortar cabezas de planilleros, de equiparar los salarios topeando a lo que gana el Presidente… se habló y ahí quedó, al menos hasta ahora.

Y viendo surgir hechos de corrupción que se van conociendo en medio de esta pandemia, surge el temor de que toda la ineficiencia y la falta de gestión se convierta en una excusa a causa de la Covid-19.

Que no les venga al Gobierno como anillo al dedo la posibilidad de utilizar toda esta coyuntura como excusa ante los cuestionamientos acerca de las acciones del Estado.

Que no les venga como anillo al dedo, cuando al final de la gestión y rindiendo cuentas digan que se quedaron con las ganas de hacer más, pero la pandemia lo impidió.

El gobierno tiene el desafío de reconstruir un país golpeado y decepcionado de las medidas que fueron tomadas en este tiempo. De demostrar que tiene ganas de reencausar una frágil y cuestionada justicia que se enfrenta a los devoradores que aparecieron en medio de esta sensible situación para meter la mano en el bolsillo de los más necesitados.

Que la pandemia no sea excusa, que no les venga como anillo al dedo.