Elecciones de los abogados

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El próximo sábado 21 de noviembre se elegirá a dos representantes del gremio de los abogados ante el Consejo de la Magistratura.

Es una elección trascendente porque los abogados no solo aseguran dos votos en el órgano encargado de conformar ternas para cargos judiciales y fiscales, sino que inclusive, en un futuro próximo –si vamos a tener en cuenta los antecedentes– podrían ocupar la presidencia de ese órgano y uno de los dos escaños del CM ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.

Esto explica por qué hay once movimientos en pugna. Algunos de ellos buscan el rekutu, otros van por la sorpresa, lo cual es legítimo.

Sin embargo, lo que debería decidirse en un gremio de profesionales del Derecho se traslada al campo político.

Entonces vemos que la campaña electoral de algunos de los movimientos y las actitudes de sus candidatos repiten los vicios del caciquismo, de las falsas promesas y del derroche de la plata para alcanzar un objetivo.

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A partir de allí aparecen las fotos con los líderes políticos, a quienes los candidatos agradecen públicamente por el apoyo, la sutil identificación con connotados personajes del Poder Ejecutivo o la identificación con una corriente opositora para ofrecer un “cambio”.

La Constitución Nacional promulgada en el año 1992 reservó a los abogados dos de los ocho lugares que hay en el CM.

Los convencionales interpretaron que los profesionales del Derecho deben tener activa participación en la elección de los candidatos a llevar adelante la justicia de nuestro país, porque en esencia son los abogados los que conforman el sistema de Justicia.

Pero la clase política se encargó de pervertir esto desde su origen y al final la elección de los representantes de los abogados se convirtió en una disputa de movimientos internos del Partido Colorado, de colorados contra los liberales u otros grupos opositores.

Entonces, el electo ya entra condicionado por el que puso la plata y a la vez por sus operadores que luego pedirán sus votos para acceder a la justicia como jueces o fiscales o lo que es peor, para ejercer presión hacia los magistrados en determinados casos.

Lo paradójico es que, los que recurren a los padrinazgos, son los que prometen independencia y cambios en la Justicia.

“Los administradores de la Justicia lo eligen la clase política acá en Paraguay, EE.UU., Japón, Tanzania y en todas partes del mundo. Depende de los elegidos para tener justicia”, escribió un político colorado en las redes sociales sobre estas elecciones.

Lo primero que hay que decir es que esta es una elección de abogados, no de representantes del Parlamento ante el CM, en donde sí constitucionalmente corresponde hacerlo a los político.

En segundo lugar resulta ingenuo pensar que no estará condicionado el electo después del favor recibido.

Pero hay que ser justo en decir que la iniciativa debe partir de los mismos abogados que se postulan. Ellos son los que deben alejarse de las clases dominantes que tanto perjuicio causan en nuestro país.

El abogado candidato debe trabajar para convencer a sus colegas que en realidad los va a representar eligiendo a los mejores y garantizando que la Justicia estará al servicio del profesional del Derecho.

Pero más que nada para que se dignifique esa profesión como auxiliar de la justicia.

Decía un abogado que pensar así es una quijotada. Pero también el profesional del derecho debe entender que estos son otros tiempos, tal vez los ideales para castigar y a la vez repudiar a aquellos que usan a la justicia con fines personales.

ocaceres@abc.com.py