Política e intelectualidad

En casi todas las Universidades del mundo existen carreras de Ciencias Políticas, sociología, comunicación, economía, gestiones públicas, psicología o derecho, que debieran de recomendarse a personas que desean entrar al mundo de la política. En nuestro país, no hay necesidad de acumular tantos títulos para dedicarse a ella, basta con tener ganas y ya puede uno tirarse a esa arena. Es más, los títulos son los que menos importan, ya que se pueden comprar fácilmente de algunas casas de “altos estudios”. Así las cosas, observamos gran cantidad de políticos mediocres, ignorantes, sin formación alguna, que no saben hablar ni escribir y parecieran ser analfabetos funcionales. O sea, si es que llegan a leer no comprenden el texto.

Da mucha pena dicha situación, porque hay personas que se pasaron leyendo todas las obras clásicas, son brillantes profesionales y destacados intelectuales. Sin embargo, no se atreven a lanzarse al campo político, quizás por el desprestigio que sufre ese oficio, o porque no desean tirar “el honor a los cerdos”. Bueno, eso es muy peyorativo, porque mirando de otra forma, pueden aportar mucho al país, si deciden hacerlo. Exactamente lo que necesitamos para cambiar las cosas en nuestro país, es el concurso de esta gente preparada con títulos académicos y que nos representen con dignidad y decoro.

Si nos fijamos en los países avanzados, de primer mundo u otros que no lo son tanto, vemos que hay grandes figuras que dominan las ciencias, las artes y las letras. Políticos renombrados que hablan y te dejan con la boca abierta. Responden a las preguntas de los periodistas con confianza y seguridad. Participan de debates profundos y esclarecedores resaltando sus puntos de vistas.

Aportan informaciones valiosas y contundentes. Sus opiniones son interesantes y quedan en la memoria colectiva. Inclusiva sus citas, refranes o frases famosas hacen reflexionar a las masas.

Oradores brillantes, profesores universitarios, escritores fecundos, economistas relevantes, abogados de primer nivel, periodistas respetables, artistas célebres, investigadores de todas las áreas pueden incursionar y sería fantástico que aporten su saber y experiencias de vida en el ámbito nacional. Durante las campañas proselitistas aparecen personajes de toda clase. Surgen como hongos, algunos, no todos, solo con la intención de hacer carrera, comenzando como concejal, después intendente de su ciudad. Como va adquiriendo familiaridad y aprende cómo se manejan en ese mundo, no se detiene hasta ser parlamentario e incluso llegar a la primera magistratura. Gente de la farándula, bailarines, actrices, cómicos, calesiteros o animadores de fiestas lo pueden lograr, con mucha caradurez y un poco de buena suerte.

Por otro lado, no significa que un intelectual sobresaliente, por el simple hecho de haber leído muchos libros, va a realizar una excelente gestión gubernamental. Se necesitan otras virtudes como la responsabilidad, el compromiso, la honestidad, el patriotismo, la voluntad de trabajar, el poder de decisión, la sabiduría, el acierto en formar buen equipo. Ser valiente, fuerte y decidido- No necesitamos un enclenque que escucha los elogios de su entorno ni un inútil que no sabe bien en qué lugar está parado. No necesitamos un personaje que ni entiende porque raros motivos está ocupando ese sitio que jamás se le pasó ni por sueños y que asume por cosas del destino.

Ojala que seamos selectivos de ahora en adelante. Para eso necesitamos crecer y leer mucho. Tener educación y formación académica. Abrir la mente y la conciencia. Darnos cuenta que con advenedizos, improvisados, avivados, pillos, analfabetos, oportunistas y embaucadores, no vamos a lograr el desarrollo de nuestro país. Al contrario, daremos la razón a aquellos que sostienen que un pueblo tiene el gobierno que se merece.

blila.gayoso@hotmail.com

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