Hoy nos dice que el Reino es semejante a un sembrador, que salió a sembrar, y fue echando las semillas por todas partes, y ellas han caído en cuatro tipos de terrenos: al borde del camino, en terreno pedregoso, entre espinas y en tierra buena.
Los frutos son espantosamente diferentes, de acuerdo al terreno que encuentre.
La semilla es siempre poderosa, tiene vida en sí misma y genera vida abundante: es la Palabra de Dios, es decir, el proyecto de Dios. Nosotros somos los terrenos, que la recibimos de corazón abierto o cerrado, de modo generoso o mezquino.
La fuerte exhortación de Jesús es para que seamos una tierra fértil, y no caigamos en las trampas que inutilizan los otros tipos de terreno.
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Hay sofisticadas trampas alrededor nuestro, como la mala comprensión del proyecto del Señor y la indiferencia para entenderlo debidamente. También puede ser la inconstancia en buscar a Dios, y la valentía para hacer el bien. Asimismo, la feroz búsqueda de riquezas, y vanidades del mundo, llevan la semilla a permanecer infecunda.
Cada ser humano, es más, cada bautizado, debe abrir su corazón, recibir la enseñanza de Jesús y de la Iglesia con ganas de practicarla.
Para ser terreno eficiente no podemos pasar la vida con el trágico argumento “los otros son los culpables” de todas mis desventuras: porque mi madre no me dio afecto como debía... mi marido es un pesado... mi mujer es una bruja... mi patrón, un tirano... mi empleado, un haragán... y la lista no termina nunca.
Asimismo, el suelo fecundo procura comprometerse con las palabras de Jesús y no elabora una falsa conclusión, así: “no hago nada porque, al fin y al cabo, no entiendo bien la Biblia... además, no tengo tiempo...”.
Ser tierra fértil es abrir el corazón para el Señor, y para las necesidades de los otros. Es comprometerse con cosas honestas, aunque sabiendo que va a encontrar obstáculos, pero confiando en que la gracia de Dios y el esfuerzo humano hacen imponentes milagros.
El terreno fecundo lucha por ser coherente en su vida, uniendo fe profunda y obras de justicia y ternura. Es saber vencer la egolatría para no manipular al semejante.
Paz y bien.