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2 de noviembre de 2026
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Calorazo

Hablemos del clima, que no es colorado ni cartista ni opositor. Durante la semana del 16 al 18 de febrero de 2026, Paraguay registró temperaturas extremas que lo situaron como uno de los lugares más tórridos de la Tierra, con sensaciones térmicas que superaron los 46º C – 47º C, aunque se reportaron mediciones no oficiales de 52º C en el Chaco. Lo que se dice una ola de calor.

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El verano tiene muchos beneficios para nuestro cuerpo, más horas de sol, mayor producción de serotonina, lo que afecta positivamente a nuestro estado de ánimo. ¿Por qué vienen a vivir a nuestro país, muchos extranjeros que huyen del frío extremo?

La luz solar estimula la producción de la vitamina D, conocida como la vitamina del sol, con múltiples beneficios para la salud. Pero no todo son alegrías: hay un límite de calor a partir del cual nuestro cerebro no funciona correctamente: los 40 ºC.

En realidad, los seres humanos somos homeotermos. Es decir, gracias a nuestro hipotálamo –región del cerebro que regula la temperatura– somos capaces de mantener una temperatura constante de unos 37 ºC, independientemente de la temperatura ambiental.

Pero cuando nuestro cuerpo alcanza temperaturas por encima de los 40 ºC, como sucedió en esta semana que pasó, el hipotálamo deja de funcionar correctamente y no controla nuestro sistema natural de enfriamiento: la transpiración. Lamentablemente se nota que Itaipú desconoce esto, y nos encajó un corte de energía en la tarde de más calor, exponiéndonos a sufrir un infarto. Investigando en la red, encontramos que en calores extremos sentimos más cansancio y abunda el kaigué, causando irritabilidad y confusión.

¿Tanto calor derrite nuestro cerebro? Algo parecido, con el calor las proteínas se desnaturalizan –pierden su estructura, se derriten– y afectan mucho a las neuronas. Todo este proceso, además, desencadena una respuesta inflamatoria que modifica la homeostasis en esta situación, el sistema nervioso es especialmente vulnerable. Como el hipotálamo tiene que trabajar en exceso para mantener una temperatura corporal adecuada, deja en un segundo plano otras funciones vitales como la atención, que se ve ralentizada.

Otra de las funciones del hipotálamo es regular los ciclos de sueño y vigilia. Para ello, se guía por la información que le llega del exterior como la cantidad de luz o la temperatura, que indican al cerebro cuándo debe inducirse el sueño.

No olvidemos que nuestro sistema nervioso aprovecha las horas de sueño para realizar funciones de mantenimiento necesarias para su correcto funcionamiento. Es lo que llamamos un sueño reparador.

Otro de los problemas asociados a las altas temperaturas es la deshidratación, que puede causar pérdida de memoria a corto plazo, somnolencia o fatiga muscular. Si llegados a este punto consideramos que una posible solución al calor sería tomar una bebida bien fría, ¡no! porque a nuestro cerebro no le gustan los cambios bruscos de temperatura. Una bebida helada puede causar un fuerte dolor de cabeza. Que tal si recordamos todo esto cuando llegue el invierno y empecemos a quejarnos del frío.

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