“Tapaditas” para seguir vivos

En los últimos días se viene observando que la ciudadanía recurre cada vez con mayor frecuencia a juegos de “Tapaditas”, polladas y pedidos de aportes solidarios para poder solventar la compra de medicamentos básicos que en las farmacias del Hospital Integrado de Ayolas ya no se consiguen.

El pedido de ayuda también apunta a costear equipos médicos costosos que permitan a sus seres queridos seguir con vida. Esta situación expone una realidad sumamente cruda, donde la solidaridad ciudadana termina supliendo las profundas grietas de un sistema de salud pública ausente. Cuando el acceso al bienestar deja de ser un derecho garantizado y pasa a depender del azar o de la autogestión, lo que queda en evidencia es un escenario social desgarrador.

El recurso de la “Tapadita” o las rifas solidarias deja al descubierto dos caras de una misma moneda. Por un lado, la deficiencia del Gobierno Nacional en una zona que, a través de la Central Hidroeléctrica Yacyretá, genera millones de dólares mediante la producción de energía eléctrica, pero donde las farmacias hospitalarias carecen de medicamentos básicos e insumos.

La contradicción es evidente. Que la ciudadanía esté obligada a cubrir gastos esenciales para “seguir viviendo” no solo revela una carencia estructural de larga data, sino también una preocupante ausencia de prioridades en la gestión pública.

Por otro lado, se visibiliza la capacidad de organización de los ayolenses, que no dejan solos a quienes atraviesan enfermedades críticas. Sin embargo, este rasgo solidario, lejos de ser celebrado como virtud aislada, interpela directamente al Estado: una comunidad no debería sostenerse a sí misma para garantizar derechos básicos. La solidaridad no puede convertirse en política pública de facto ni en sustituto de un sistema sanitario eficiente. El sentimiento de frustración en la población es cada vez más palpable. Cuando el derecho a la salud depende del vecino y no de la gestión estatal, la incertidumbre y la decepción se vuelven parte de la vida cotidiana. La situación se agrava al acudir a los centros asistenciales en busca de alivio y salir con una receta en mano, pero sin los recursos para adquirir los medicamentos.

La falta de insumos esenciales en IPS y en el Ministerio de Salud deja a la población sin respaldo real, obligándola a depender de su capacidad económica o de la caridad. Lo que está en juego no es solo el bolsillo de la gente, sino la confianza en las instituciones. Y cuando esa confianza se erosiona, lo que también se debilita es la base misma del contrato social. En Ayolas, la salud pública no solo está en crisis: está, en los hechos, ausente.

miguel.rodriguez@abc.com.py